Y en eso llegó Fidel

Y en eso llegó Fidel

Por lo general escribo en esta columna no sobre la actualidad sino sobre lo que me da la gana, algo que este periódico y su director me permiten alegremente y por eso solo tengo para ellos respeto, cariño y agradecimiento: Muack, chicos. También sospecho que el director agradece a menudo un artículo que no trate precisamente de la actualidad, ya que el periódico está lleno de artículos sobre lo mismo cuando toca. Pero hay actualidades inevitables, a las que uno no puede sustraerse ni intentándolo.

Y la actualidad estos días es la moción de censura de Podemos al Gobierno que he tenido la paciencia de tragarme entera aunque ni me pagan por eso, ni tengo el sueldo de un diputado, ni puedo echarme una siesta en el escaño mientras la aguanto.

Yo no siento ningún aprecio por el PP, pero creo que Mariano bordó su papel (que no es mi papel). Y es que él es un orador estupendo e incluso divertido cuando le sale la vena graciosa. Será humor gallego, no lo sé. En cambio el larguísimo, farragoso y dramático discurso de Irene Montero que aburría hasta a las ovejas y parecía de Fidel, y también el subsiguiente de Pablo Iglesias me parecieron un desastre. Hablaban de España y parecía que hablaban de Corea del Norte. La situación resultaba absurda porque Pablo Iglesias, al que le permitieron tirar catorce penaltis a la portería de Mariano, lo hizo y no metió ni uno. Ni un maldito gol y mira que era fácil. Mariano mientras se fumaba un puro exhalando el humo y mirando distraídamente al larguero como si la cosa no fuera con él. Supongo que fumaba un Cohibas o tal vez un Montecristo.

No sé si conocen ustedes la historia de por qué los Montecristo se llaman así, es muy bonita. La cuenta Alberto Manguel en su precioso libro "Una historia de la lectura". En los años treinta del siglo pasado cuando las familias Menéndez y García fundaron la empresa tabaquera que crearía los Montecristo, los trabajadores de las fábricas de tabaco en Cuba hacían sus labores, un trabajo muy repetitivo y mecánico, distraídos por una lectura en voz alta de otro empleado que leía novelas, y los de Menéndez y García siempre querían que les volvieran a leer "El Conde de Montecristo". Un día aquellos currantes le escribieron una carta a Alejandro Dumas pidiéndole permiso para ponerle de nombre "Montecristo" a un puro, y Dumas les contestó también por escrito desde Francia accediendo. Por eso se llaman así los mejores habanos del mundo que exhiben seis espadas y una flor de lis en su vitola. No sé si esto tiene que ver con la moción de censura del otro día. No creo. Pero a mí los dicursos de Podemos me parecieron los inacabables discursos de Fidel. Cuando triunfó la revolución cubana a los Menéndez y García les expropiaron la empresa y tuvieron que largarse de Cuba. En fin... that's life.