CORAZÓN AGRÍCOLA
La cebada gana terreno entre los cultivos habituales limiaos
CORAZÓN AGRÍCOLA
Las tierras de A Limia han sido históricamente el corazón agrícola de Galicia. En la actualidad, esta labor se enfrenta a la realidad de un clima cambiante que ha desdibujado las estaciones, reduciéndolas a un periodo de lluvias constantes entre octubre y mayo, seguido de un verano seco. En este escenario, donde la comarca se ha convertido en un laboratorio a cielo abierto que testa el futuro del agro gallego, los campos buscan alternativas para mantener la rentabilidad y la productividad sin renunciar a su tradición agrícola.
Con esta nueva situación, la cebada gana protagonismo gracias a sus ventajas agronómicas frente a los cereales de invierno. Uno de los motivos fundamentales que explica el auge del cultivo de cebada en A Limia es el impulso de la iniciativa liderada por Cosecha de Galicia. Este proyecto, vinculado a la Corporación Hijos de Rivera, ha transformado el papel de este cereal en la comarca, aportando una salida comercial de mayor valor añadido: la cebada maltera para la producción de cerveza.
En la campaña de 2026, la superficie dedicada a esta variante ha sumado 160 nuevas hectáreas, alcanzando un total de 850 en la zona. Esta cifra supone un importante crecimiento del 88 % en cinco años y ya cuenta con la participación de 27 agricultores locales. Si tradicionalmente la cebada antelana se destinaba a usos forrajeros o como simple herramienta de rotación obligatoria, el suministro cervecero de proximidad la ha convertido en una opción tecnificada y rentable para los productores.
“Nós xa levamos bastantes anos botando cebada, sempre nos gustou porque é un cultivo moi agradecido”, señala Víctor Cabido. Los agricultores de la zona destacan que su principal virtud es su ciclo biológico reducido, un factor clave para sortear el estrés hídrico. Explican que esta característica permite un adelanto en la cosecha de entre 10 y 15 días respecto al trigo. Además de su rapidez, “é un ciclo un pouquiño máis corto que se adapta ben a siembras algo máis tardías e dáse ben”, añade Eloy Manso.
Los agricultores coinciden en que la cebada es útil para cumplir con las normativas de la PAC sobre rotación de cultivos, ya que se impide repetir la siembra de trigo en la misma parcela durante dos años seguidos. No obstante, advierten de sus exigencias agronómicas: es una planta que demanda bastantes nutrientes, precisando de aportes de calcio, y que desgasta el terreno más que otras alternativas como el centeno.
Este modelo proporciona a los profesionales del campo una mayor estabilidad comercial, reduciendo la incertidumbre y facilitando la planificación a largo plazo. Además, su integración refuerza la salud del suelo y favorece un sistema agrario mucho más resiliente. Para avalarlo, toda la producción limiana amparada bajo la iniciativa de Cosecha de Galicia cuenta con el sello InBar de Intermalta, que certifica una reducción de la huella de carbono de más del 20 % durante su desarrollo.
Pese a perfilarse como un cultivo con proyección, capaz de asegurar las cosechas frente a la meteorología y de ayudar en los ciclos de rotación, la cebada mantiene un papel secundario en la economía comarcal. Sus posibilidades de futuro avanzan por la llanura antelana, pero, por el momento, su cultivo continúa a la sombra del producto estrella y motor de las tierras limianas: la patata.
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