Miquel Martín i Serra, escritor: “Siento y pienso en catalán, traicionaría mi alma si escribiera en otra lengua”

ENTREVISTA

Miquel Martín i Serra (Begur, Baix Empordà, 1969), es uno de los escritores más reconocidos de las letras catalanas actuales, y Aira Editorial ha publicado su novela "O atallo" traducida al gallego

El escritor Miquel Martín i Serra.
El escritor Miquel Martín i Serra. | Susana Ruiz

El escritor catalán Miquel Martín i Serra participa este viernes en la primera jornada de la cuarta edición del Festival Literario de Allariz (FLAZ) junto a la autora vasca Garazi Albizua.

Bajo el título “Literatura e loita de clases”, ambos mantendrán un diálogo en la sala de exposiciones A Fábrica de la villa, a las 19,30 horas.

Pregunta. “Todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor”. ¿Cuándo supo que lo era?

Respuesta. Creo que me he sentido escritor, sin saber que lo era, desde pequeño. Me crié en una familia en la que la tradición oral era muy importante, de gente vinculada al mar y al campo, muy humilde, pero en la que la palabra tiene un valor, es importante hablar bien, explicar historias y conocer tu pasado. Así que sentí ya muy pronto esa necesidad de mantener vivo el legado de la lengua, de escribir, de expresarme. Y a medida que he ido avanzando en mi trayectoria como escritor, he sido cada vez más consciente de ello. No concibo mi vida si no es vinculada a la escritura, a la lengua, al recuerdo, está todo muy ligado.

P. ¿Existe una relación entre las lenguas y las clases sociales?

R. En “O atallo”, mi única novela traducida al gallego, hablo de los años 70-80 en mi ámbito, la Catalunya de la Costa Brava y del Empordà, donde veraneaban los ricos de la alta burguesía catalana, y el contraste que había con la gente del pueblo. Un contraste social, económico y de lengua, ya que los ricos hablaban castellano, mientras que los que vivíamos allí hablábamos catalán. No quiero generalizar, también hubo una burguesía consciente de que se tenía que implicar en la construcción del país y en la lengua y la cultura. Pero fue la clase trabajadora la que mantuvo viva la lengua a lo largo del tiempo.

P. En Galicia envidiamos la cultura catalana, está más asentada y se autojustifica menos.

R. La literatura catalana, por suerte, tiene un prestigio, una normalidad. Pero a veces sí me lo plantean, “¿por qué no escribes en castellano? Sería todo más fácil y llegarías a más público”. Pero tanto catalán como gallego tienen una tradición literaria muy sólida. Y siempre respondo lo mismo: yo escribo en catalán porque es mi lengua. Es la mejor forma que tengo de expresarme, siento y pienso en catalán. Estaría traicionando mi espíritu, mi alma como escritor, si escribiera en otra lengua.

P. ¿Qué opina de la traducción como fin? ¿Qué descubrió al traducirse a sí mismo?

R. Al traducir aprendes mucho como escritor, de tu lengua y de aquella a la que traduces. Admiro mucho a los traductores; son “médiums”, nos ponen en contacto con mundos maravillosos que de otra forma no llegaríamos a leer. Entiendo que la traducción al final también es una creación y recreación. Y que los buenos traductores son esos que ni se notan, que quedan en segundo plano porque dan todo el protagonismo al texto, y este simplemente fluye.

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