Rallys de Ourense de filete rebozado, sombrero de "fentos" y asfalto derretido

Recuerdos de Rally

Antes incluso de recordar el BMW M3 de Bassas o de Ponce, el olor de los filetes y el día en el monte marcaron el camino de la afición

Andrés H.-Cachalvite
Publicado: 14 abr 2022 - 12:15 Actualizado: 14 abr 2022 - 12:24
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No sé vosotros, pero mis primeros Rally de Ourense están asociados a una nevera portátil beige y marrón llena de hielo y refrescos de todo tipo, a una fiambrera blanca y roja con filetes rebozados dentro y a tenedores y cuchillos de plástico.

Ni José Mari Ponce, ni Pep Bassas, ni Gustavo Trelles, ni Chus Puras. Mis primeros recuerdos en una cuneta son con la familia, lista de inscritos en mano contando los que pasaban y los que no y disfrutando muchísimo de aquellos Rallys de calor, de esos que te dejaban pegado al asfalto (con cierta dosis de forzado dramatismo infantil fingiendo quedarse atrapado) y de sombreros hechos con fentos (helechos). Supongo que cada uno tendrá sus recuerdos particulares, parecidos o no, pero desde hace unos días me llama la atención como se ha enraizado en mi interior esa prueba, que evidentemente es mucho más que el Rally de casa y que ha ido elaborando esta sucesión de recuerdos tiernos y en parte un poco absurdos.

Es imposible olvidar lo lejos que me parecía que estaba la Baixa Limia, la normalidad con la que veía a mi madre ir al rally a pesar de que no era algo que le gustase demasiado (creo que era más una resignación por todo lo que había en la familia), salir de clase volando para ir a ver las verificaciones, dar la "turra" en los concesionarios para que nos dejasen ver los coches (esto queda para otra batallita), la afinidad que se puede llegar a sentir por un tramo en concreto (en mi caso por San Pedro de Rocas) o cómo devoraba con apenas diez o 12 años las páginas de La Región durante los días previos en busca de la lista de inscritos, de los mapas o de una entrevista con quien fuese. Unas páginas que ahora escribo yo con mucho orgullo y que publico con más cariño del que la gente podría pensar.

Quizá por eso, al margen de que Ourense es siempre un rally interesante de ver y de seguir, en la cultura de la provincia (evidentemente en la del resto de provincias de Galicia también) ese fin de semana es especial y se vive con ilusión. Creo que en el caso de muchos aficionados de Ourense llegó además como algo natural, como algo que había y hay que hacer siempre que es la prueba, ir a ver aunque sea un tramo.

Y en medio de esos cambios constantes en calendarios, campeonatos y participantes por los que transcurre el Rally de Ourense cada año, vuelve el mismo recuerdo del pan comprado de camino al primer tramo y la pelea por el chusco, de los primos disfrutando de las carreras en familia y de los coches, que servían como una excusa para pasar un día en el campo.

Es importante entender que el Rally de Ourense y cualquier otro de los veteranos a nivel nacional son mucho más que coches corriendo por carreteras de montaña, son parte de la cultura de una provincia. Por eso hay que ponerlo en valor y respetarlo, lo mismo que una carrera popular o un festival de cine. La cultura de Ourense es eso, recuerdos de infancia que se trasladan con el tiempo y se transmiten a la siguiente generación. No perdamos esos sábados de campo y rallys, forman parte de nuestras raíces.

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