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El ayer y hoy de El Posío, un jardín de lo más sensible

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Historia

El ayer y hoy de El Posío, un jardín de lo más sensible

Postal del jardín con la fuente artística, originaria de Oseira, antes de su traslado a Bispo Cesáreo.
photo_cameraPostal del jardín con la fuente artística, originaria de Oseira, antes de su traslado a Bispo Cesáreo.
La presentación de un nuevo plan de reforma del Jardín del Posío, un año después de la ejecutada por una escuela taller y varias décadas -1998- tras la última y polémica de Manuel Cabezas, nos invita a una reflexión sobre el lugar

No fue una buena idea. La primera remodelación del Jardín del Posío en 50 años llegaría con un marcado sabor agridulce. Tampoco, aunque actúo la Banda Municipal, fue una inauguración; insistiría en ello el entonces alcalde Manuel Cabezas; tan solo una reapertura, decía. No fue inauguración, pero aquel 18 noviembre de 1998, cuando la luz de la tarde precisaba artificio, descorrió la cortinilla con su nombre en un lateral del paseo de cemento que une la pista central con la zona del bosque; junto a él, todo su grupo de Gobierno, y un puñado de vecinos que lo arropaban. La oposición no asistiría, ni siquiera había sido invitada.  

 La primera reforma integral en 50 años del Jardín del Posío llegaba si no gafada sí cargada de sinsabores. Tras un concurso público de ideas que aportaran “Una solución estética, urbanística y paisajística, con respeto a lo existente”, que fue declarado desierto, en una segunda convocatoria -a la que se presentaron ocho propuestas- se adjudicó a la que reunía la mayor parte de los criterios marcados en las bases. La dirección de obra corrió de la mano del arquitecto Alberto de Paula.

El proyecto estrella en el que el alcalde puso máximo interés encallaba, cometió un error de bulto, ya que pasó por alto el escenario, sentimental y conservador como es un jardín; al margen de la ausencia de consenso. El espacio quedó dividido en tres áreas, la novedosa en la parte inferior fue la de un estanque para patos y cisnes en detrimento de la tradicional rosaleda; a la zona central se le aplicaría un nuevo pavimentado, salvando el desnivel con la zona del bosque con unas gradas en cemento, respetando el tradicional palco de la música que en alguna ocasión anterior correría peligro; en la zona del bosque, a ambos lados, se habilitaron dos zonas de juegos infantiles, en detrimento de la masa arbórea. 

El conflicto

Las pretensiones de los arquitectos de abrir -extramuros- una plaza en la parte superior, retranqueando 17 metros el cierre del parque, y una rampa de acceso que cruzaría diagonalmente el jardín generó la batalla, una oposición vecinal que se manifestó en las calles todo el estío. Ni siquiera la promesa del alcalde o del concejal Francisco Javier Rodríguez Nóvoa -vista la dimensión del entuerto- de retranquearla con dinero de su bolsillo una vez rematada, surtió efecto. Arquitectos y corporación aceptaron aquella modificación “a la fuerza” y los vecinos lo celebraron como una gran victoria.

Que si una intencionalidad oscura, unos aparcamientos en la zona. Desde entonces cualquier movimiento es como mover un cargamento de nitroglicerina. Así lo percibió Pepe Araújo en 2018, siendo concejal por el PP, una deflagración leve. Tratando de paliar de urgencia la degradación del parque consiguió una escuela-taller con la que ejecutar una reforma integral de 400.000 euros en drenajes y reparación de la zona del botánico. 

Rumores, otra vez

La insinuación de un proyecto que reabriera uno de los laterales, esta vez desde la zona más próxima al Casco Vello, exasperó los ánimos de muchos de aquellos que encabezaron la protesta del año 98. 

En su momento Manuel Cabezas hacía referencia a una reforma anterior de Eduardo Valencia, en 1948, como gran reforma previa de calado, pero hubo otras que marcaron el escenario y fueron alterando el tradicional jardín recogido y cerrado, de inspiración romántica (que defiende, de manera impetuosa Maribel Outeiriño) en favor de un entorno polivalente y despersonalizado, al que se ha sumado la degradación del mal uso y de los años. La primera mala acción fue el traslado a finales de los años 60 de la fuente barroca hoy ubicada en Bispo Cesáreo, en trueque a la escultura de Concepción Arenal.

Tras años de abandono, la reforma del 98, le aportó demasiado cemento en el área central, con una cafetería que no arropa y la idea del parque infantil, aunque necesaria, desentona. La primigenia idea de establecer un jardín botánico en 1846 por el profesor de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza queda en una idea alejada. 

Está claro que cada ourensano maneja para sí una idea de jardín. La presentación de un nuevo plan de remodelación, con profesionales que conocen bien el entorno, ha tenido la inteligencia de buscar el consenso. A ver lo otro.