🏀 DIRECTO
Fuenlabrada-COB

Carmen Babarro, salvada por la policía en una noche bajo cero: “Pensé que moría congelada”

La vida a la intemperie se vuelve inviable a temperaturas bajo cero. Carmen Babarro pensó que podría morir congelada cuando se quedó dormida en los jardinillos del Padre Feijóo a -2,5 grados. Entonces la policía apareció justo a tiempo.

Carmen, con sus maletas en los jardinillos del Padre Feijóo. Abajo, un acto de la Cruz Roja.  ÓSCAR PINAL
Carmen, con sus maletas en los jardinillos del Padre Feijóo. Abajo, un acto de la Cruz Roja. ÓSCAR PINAL

Carmen Babarro pensó que las bajas temperaturas iban a acabar con su vida el sábado. Eran las 4 de la madrugada y los termómetros de la ciudad marcaban -2,5 grados. En previsión del ruido y la fiesta que podría haber por la noche, la vagabunda se desplazó a los jardinillos del Padre Feijóo, un lugar más tranquilo y donde pasa muchas tardes. Dejó sus maletas junto a un banco, donde porta las cenizas de su madre fallecida en 2020, y se tumbó al lado. “Me quedé dormida sin darme cuenta y, cuando me desperté, pensé que me iba a morir del frío”, explica.

No fue una pesadilla: tenía las articulaciones petrificadas e intentó echar a correr. Fue entonces cuando Carmen Babarro se encontró con la Policía Local y pidió auxilio. Los agentes la atendieron y trataron de hacer que entrase en calor.

“En invierno se pasa muy mal durmiendo en la calle, siempre pasas frío”, indica. Su vestuario consta de un jersey, dos sudaderas, tres americanas y dos abrigos, cada prenda colocada encima de la anterior para hacer de barrera a las gélidas temperaturas. Aún así, es difícil huir.

“Normalmente busco sitios abandonados para dormir. En A Cuña hay varios y nadie molesta”, indica la sintecho. “También suelo ir a portales o galerías, lo importante es que tengan techo”, señala. A partir de ahora, Carmen continuará buscando pequeñas ruinas o huecos en los que acomodarse, todo para luchar contra el frío. Se muestra, con todo, positiva: “Enero y febrero son muy duros pero en marzo empieza a hacer más calor”, dice.

Ella rechaza ir al hogar del transeúnte -en el que solo se pueden pasar tres días de manera continuada- y las ayudas de Cáritas o Cruz Roja. “Yo quiero ser libre, me las apaño sola”, afirma.

No le preocupa dormir sola en sitios marginales, asegura que está tranquila y que la gente de Ourense es “buena” con ella. Eso sí, la noche gélida del sábado fue un momento duro para ella. “Estoy agradecida a la Policía, no se qué habría sido de mí”, indica. Durante la jornada del domingo, algunos agentes le llevaron comida caliente. Esta semana se presenta dura. Las mínimas no superarán el grado en la ciudad.

Contenido patrocinado

stats