RENOVACIÓN EN EL DEPORTE
Luz verde para los campos de fútbol de Esgos y Pereiro
CRÓNICA
A la una del mediodía, en la céntrica calle Paseo, los militares pasaron a formar parte del paisaje urbano. La Brilat llegaba a Ourense dos horas antes dentro de la operación Balmis contra un enemigo mundial, el coronavirus. En total, 29 hombres y una mujer adscritos a la unidad del Regimiento de Infantería Isabel la Católica número 29 que colaboran con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y Policía Local para una misión muy concreta: "Poder limitar los efectos de la pandemia y hacer cumplir la resolución que regula la declaración del estado de alamar", explica desde la Base militar General Morillo de Figueirido (Pontevedra), el comandante Pablo Ponce de León. En principio, esta unidad estará dos días, según explica.
La llegada de los uniformados al centro de la ciudad fue observada con el rabillo del ojo a paso acelerado: desde el que pasea al perro, al lector vespertino de periódicos, tres toxicómanos en comunión con el mono, el operario de R subido a una escalera junto la fachada de Springfield o la mujer con destino desconocido pero con una bolsa de la mercería "Manolita" .
A llegar a la altura de la Subdelegación de Defensa, con ocho militares, María Isabel Arias apura el paso. Pero no le intimidan los uniformes verdes. Ella también tiene su propia misión: "Llevar la comida a mi hermano dependiente, con un linfoma cutáneo, que vive en la calle Concordia", explica. Pasa de la una y media, y el cocido del táper que ha sido cocinado en su casa de Florentino Cuevillas aun humea.
Una joven que pasa poco después por el mismo lugar conversa animadamente por teléfono. Al ver a los militares, lo transmite en directo a su interlocutora: "¡Uf!, están hablando con una chica", comenta, pero muy sonriente.
Los militares en estas primeras horas se mostraron bastante comprensivos con aquellos sospechosos de paseos fraudulentos. Algo menos con los paseantes en grupo y con un indigente apostado en un cajero.
En la puerta del consistorio está el concejal de Infraestructuras, Miguel Caride, fumando un cigarrillo con el responsable de comunicación a una distancia prudencial. Salieron juntos y un soldado les recriminó. En la Praza Maior, también está la Brilat y al edil su presencia, según reconoce le produce "una sensación extraña". "Es todo una especie de mal sueño y agobia; en el concello, dentro, tenemos una especie de gabinete de guerra donde todos los problemas hay que resolverlos de urgencia y no para de sonar el teléfono", explica. Y prosigue: "El coronoavirus es un enemigo invisible y esta guerra no es producto de la incompetencia humana sino de la naturaleza". A Caride el verde militar le inquieta de verdad.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
RENOVACIÓN EN EL DEPORTE
Luz verde para los campos de fútbol de Esgos y Pereiro
ACCIDENTE DE TRÁFICO MORTAL
Muere una mujer y otra persona resulta herida en un atropello múltiple en Bentraces
SENTENCIA JUDICIAL
Varapalo a Remar por usar a voluntarios para su negocio en Ourense
LARGAS RETENCIONES
Caos en la N-525 a su paso por Ourense por el cambio de carriles cortados
Lo último
La Región
Annus Horribilis
FIN A UN MES SIN MÉDICO
El centro de salud de Beade vuelve a tener un médico
UNA CARRERA SOLIDARIA
El deporte de Valdeorras une fuerzas contra el cáncer
La Región
Día de la Ecología