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Más allá del cemento, que se lleva la inmensa mayoría de las inversiones previstas por el Gobierno, se cuelan otras cantidades, sin novedades, que año tras año aparecen en los Presupuestos Generales del Estado. Uno de los clásicos que vuelven a aparecer es el Museo Arqueolóxico -que lleva dos décadas cerrado-, para el que se disponen tres millones, pero con una planificación presupuestaria que fija 2027 como fecha para terminar la obra, también víctima de las parálisis, en este caso por el hallazgo de restos arqueológicos. En el proyecto presupuestario también ser recogen 462.000 euros para una reforma del Centro Penitenciario de Pereiro.
Desaparece de las cuentas, sin embargo, el proyecto para recuperar y restaurar el monasterio de Melón, tras recogerse en las cuentas de 2022, un total de 342.000 euros para pagar la indemnización a la empresa adjudicataria, que había empezado la obra en 2018, quedando esta paralizada en 2019 por discrepancias.
Por su parte, se queda también con un dudoso futuro el saneamiento integral del río Barbaña, que había sido incluido en el denominado Plan Crece del Ministerio de Transición Ecológica, pero que no contempla grandes partidas hasta 2024, aunque este mismo departamento sí incluye más de cinco millones en el apartado de obras de saneamiento y depuración, sin más concreciones. Además, recoge medio millón de euros para el proyecto Raia Termal, así como un millón para la nueva sede de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, otro de los clásicos de las cuentas estatales, sin ubicación en la que asentarse.
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