Un rayo mató cuatro vacas de David en Boullosa, Ourense: “Calcinounas vivas”

PÉRDIDA DE UNOS 20.000 EUROS

El dueño de la explotación donde murieron las cuatro vacas, David Rego, estima que la pérdida económica ronda los 20.000 euros

David Rego junto a sus vacas muertas en Bollousa.
David Rego junto a sus vacas muertas en Bollousa. | Martiño Piñal

Tras varios días de calma en la comarca de A Limia, las tormentas volvieron durante la jornada de ayer. Aunque de forma puntual y repartidas a lo largo del día, los rayos y granizo que las acompañaron se hicieron notar en el territorio.

En Santa María de Vilamaior da Boullosa, coloquialmente conocida como Boullosa para los vecinos de A Limia, la tormenta provocó la muerte de cuatro vacas al impactar un rayo contra el pequeño árbol en el que se refugiaban del granizo.

Era cerca de las 14,00 horas cuando los truenos se escuchaban por toda la contorna, y según narraba una de las vecinas: “Eu vin caer o raio cando estaba deixando a un veciño na súa casa e pensei que como caera nunha casa, levábaa por diante”. No impactó en una casa, pero el daño no fue cosa baladí.

Un rayo mata cuatro vacas preñadas en A Boullosa

Las víctimas fueron cuatro vacas de David Rego, ganadero con cerca de ocho años de experiencia a sus espaldas y más de 160 cabezas a su cargo: “Hoxe catro menos”, confesó con pesar. David contó como la tormenta paso de lado por la aldea, obligando a las vacas a buscar refugio, “a elas non lles molesta o frío, pero a chuvia, o aire e o granizo sí, e buscan onde agocharse”, aclaró. A los pies del árbol se extendian varios charcos de agua que con la descarga electrocutaron a las cuatro vacas: “Calcinounas vivas”, espetó David, señalando a la que más próxima se encontraba del árbol, “esta está toda chamuscada, como se lle deran co soplete”.

Señalando los daños.
Señalando los daños. | Martiño Piñal

É unha lástima, nós traballamos con elas en extensivo. Preocupámonos moito de cruzar as mellores e irnos quedando con elas, querémoslle moito”, continuó David, “estas terían unhos oito anos”. Las vacas, mestizas de varias razas, estaban embarazadas, “todas a piques de parir, un mes ou dous lles quedarían”. El ganadero estima el precio de cada una de las cabezas entre 4.500 y 5.000 euros, una cantidad que según advirtió mientras esperaba al perito, “non nolo compensará enteiro o seguro”.

A carne tampouco vale xa para nada, están todas queimadas por dentro”, aclaró David. Mientras el ganadero narraba lo sucedido, varios vecinos se acercaron al lugar. “Nós pasamos ás 15,00 cara San Paio e pensamos que estaban deitadas ao sol, porque facía sol!”, clamó un vecino, acompañado por su mujer, todavía sorprendida: “Eu así de animais mortos por cousas raras nunca escoitara nada na aldea”.

Las otras vacas se acercaron.
Las otras vacas se acercaron. | Martiño Piñal

“Nós pensamos que estaban dormidas, pero cando levaban un rato así e non se movían foi cando chamei”, contó otro vecino que pasaba en su furgoneta, incrédulo con la estampa. Allí, el grupo de seis vecinos daba vueltas a los animales, a los que también se acercaron el resto de vacas que pacían a escasos metros. “Nunca nos pasara algo así, e sorte foi que non lle pasara a ningunha máis”, terminó David.

La cruz del Castro da Boullosa, protectora de los cultivos de la aldea

Las vecinas allí reunidas hicieron referencia a la Cruz do Castro da Boullosa, un elemento de piedra que se bendecía cada año para proteger a la aldea y sus cultivos de las tormentas y el clima. Una de ellas contó como hace unos años una tormenta “bordeou a Boullosa e non fixo nada aquí, pero en Baltar -a unos kilómetros- desfixo todo”, apuntando a que la cruz hizo efecto. “A Cruz está no alto alto, non se da chegado cos coches e hai que facer un bo tramó a pé”, aclararon, confesando que la última vez que se recibió la bendición fue en el 2020, “igual hai que volver ir bendecila, pola conta que nos tén”, insistió otra de ellas.

Din que nos protexe, e eu nunca vira algo así, e dende os tempos de meu pai que se bendecía a cruz na aldea nunca pasara nada”, sentenció la tercera vecina.

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