El verano de los que vuelven a Feás de Boborás

La llegada de la época estival cambia el ritmo de esta pequeña parroquia de Boborás, que recibe a numerosos hijos y nietos de vecinos de la localidad que viven fuera de Galicia y regresan cada año para pasar las vacaciones.

Vecinos e hijas de emigrantes en Boborás, al grito de “¡Feás!” para una foto todos juntos en el Campo da Feira.
Vecinos e hijas de emigrantes en Boborás, al grito de “¡Feás!” para una foto todos juntos en el Campo da Feira.

El vínculo entre los gallegos que vivimos fuera de Galicia probablemente sea más estrecho de lo que pueda parecer”. Elizabeth Fernández habla desde la experiencia. Mexicana e hija de gallegos emigrantes, lleva regresando cada verano a Feás (Boborás), la tierra de sus antepasados, prácticamente desde que tiene memoria.

Haber nacido y vivir al otro lado del Atlántico no le ha impedido sentir un enorme arraigo hacia esta parroquia de poco más de trescientos habitantes. Heredó los vínculos con Galicia de su familia y conoció a otras niñas que, como ella, pasaban los veranos en Feás cuando eran pequeñas. Dana Vázquez y Aurora Ogando son dos de ellas. También crecieron en Ciudad de México y, años después, las tres siguen volviendo a Feás acompañadas de sus hijos. “Queremos que nuestros niños vivan la misma alegría que vivimos nosotras aquí”, explica Elizabeth.

Ellas son solo algunas de las descendientes de gallegos que regresan cada julio y agosto a Feás. Forman parte de la comisión de fiestas de la parroquia junto a Ana, nacida en Panamá y residente actualmente en Suiza, que volvió este verano y, como otros visitantes, ya está de nuevo en casa. Durante su estancia en Feás a lo largo de la época estival, la localidad coge un ritmo muy distinto al del resto del año, según apuntan quienes residen allí. “En los meses más fríos no hay casi actividad, solo los fines de semana en el local social”, cuenta Gerardo Janeiro, uno de los vecinos.

Ocio rural

Cuando se les pregunta a las visitantes qué tiene Feás para que sigan volviendo cada año, la respuesta llega casi al unísono: “No tiene nada, pero lo tiene todo”. En Boborás no encuentran las opciones de ocio de una gran ciudad, pero tampoco las echan en falta. “No se necesita más”, admiten. Allí, pasan el día yendo de su casa al Campo da Feira, donde se sientan a tomar algo con los vecinos, juegan a juegos de mesa o, sencillamente, se permiten “tener tiempo para aburrirse”, como dice Aurora.

Hasta los más pequeños valoran el sosiego de lo rural, acostumbrados a una vida en la metrópoli, en la que, como ellos mismos expresan “siempre hay prisas”. Nerea, la hija de Elizabeth, tiene trece años y dice que en Galicia disfruta incluso de “no hacer nada” y enumera algunas de las cosas que más echa de menos cuando está en México: “Aquí mi vida es más que la casa, la escuela y el coche. Me gusta levantarme y poder salir a caminar y correr por donde yo quiera. También me gusta la gente. Mi lugar seguro en la vida es Feás”. Al hablar de lo que significa este lugar para ella, lo resume en una sola palabra: “Yo creo que es libertad”, un sentimiento que comparten también los otros niños y adultos que llegan de fuera, a quienes aún les quedan unas semanas en Galicia hasta volver el próximo verano, porque, si tienen algo claro es que seguirán regresando durante mucho tiempo.

Contenido patrocinado

stats