La Región
Gladiadores con raqueta
Llevamos un invierno anómalo. Nieve y lluvia a raudales, borrascas encadenadas que recorren la península y embalses por encima de lo habitual, con algunos obligados a soltar agua porque rozan niveles difíciles de recordar. La otra cara de este alivio hídrico es una vegetación que se dispara: prados, matorrales y montes se cubren de un verdor tan exuberante como efímero.
Los amantes del esquí disfrutan pistas cargadas de nieve natural, en estaciones que en los últimos años han dependido de la artificial para sobrevivir. Pero ese manto blanco se derretirá pronto, alimentando ríos y embalses… y engordando una biomasa seca que, con el calor veraniego extremo, se convierte en gasolina para el fuego.
No es hipótesis. En 2024 ardieron decenas de miles de hectáreas forestales, un respiro engañoso. En 2025, el fuego arrasó centenares de miles, el peor año del siglo, con montes enteros borrados, decenas de miles evacuados y vidas perdidas. Ese verano demostró que basta calor prolongado, viento y vegetación abundante para un mapa incendiado.
Venimos de arder en meses lo que antes duraba temporadas. ¿Lanzará la Administración una campaña nacional de concienciación para evitar que este invierno generoso termine en cenizas el próximo verano? No se precisa votarla en el Parlamento ni depender de ideología.
Pedro Marín Usón
(Lasarte)
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