La bondad de los políticos

Algunos de los informadores del fallecimiento de Jordi Solé Tura resaltan la bondad del ciudadano y del político. En estos momentos en los que se denostan de forma indiscriminada con generalizaciones a los políticos no deben escapar a algunas consideraciones que puedan inyectar aires de regeneración a un sector de la vida social tan necesitado de reflexión.

Después de la guerra civil al mismo tiempo que se realizaron cosas ignominiosas que no se deben olvidar, que se desarrollaron conciencias compasivas, de un signo y de otro, de solidaridad, que podemos denominar interpersonal o de macrocaridad, porque fija su atención y actividad en el cambio social necesario en el ámbito de las estructuras o instituciones que configuran nuestra sociedad, como la salud, la educación, la educación, la economía o la forma política.

A los políticos debemos juzgarlos por su capacidad para hacer política para conseguir cotas de mayor calidad de vida. Hay muchos que así entienden su trabajo, pero no abundan aquellos que procuran la acción política como coopeacion y diálogo. Un grupo importante ve en la política la forma de ejercer dominio, opresión, exclusión, marginación.

Recientemente han fallecido tres personajes que han hecho de su trabajo político diálogo: Ruíz Giménez, Jordi Solé Tura, Pedro Altares. Han confluído en una visión de la vida como diálogo. El diálogo no es un instrumento más de los políticos; en una sociedad postmoderna, globalizada, el dialogo es el gran factor de gobierno. Querer construir nuestra identidad sobre lo que nos diferencia y nos distingue de los demás es una manera de empobrecernos. Todo lo que realmente resulta progresista nace de la identidad, de la diferencia pero es en la medida en que se comparte con los otros.

El diálogo ha tenido una proyección en la Constitucion; pero su fruto queda angostado estéril, erial sino somos capaces de desarrollarla en la práctica de la convivencia enriquecedora. No son pocos aquellos ámbitos de la política que únicamente se resolverán en el diálogo: la distribución territorial de las competencias del Estado, el derecho a una calidad de vida solvente para todos, el reconocimiento político de los inmigarntes, ruptura intergeneracional. Podremos continuar.

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