La democracia tomada en serio

Despejada la incógnita del ‘socialismo real’ como alternativa, cabe preguntarse ¿Y si la democracia realmente existente, en vez de aproximarse a los principios democráticos, se estuvieran apartando de ellos en una deriva en modo alguno técnicamente necesaria?; ¿Si la democracia de procedimiento formal, estuviese perdiendo su sustancia justamente en cuanto a la formal y procesal realización del principio un hombre un voto ?; ¿Si la democracia conservara sólo el nombre?

La postura conservadora trasciende a confundir cada vez más a menudo la democracia política con las instituciones y la práctica de la democracia realmente existente. En esta óptica, la brecha entre principios y realidad promovida por la dictadura sería mayor, sin duda; pero eso sólo puede ser un consuelo relativo. La estabilidad, la gobernabilidad, la apariencia de procedimientos, ahora anestesiados, producen una ilusión que los conservadores exhiben como prueba de que lo existente es la única democracias posibles. Pero podría tratarse de un gigante ficticio, asentado en pies de barro. Los procesos democráticos necesitan cuidados constantes y permanentes.

Éstos son tiempos de apología de lo exis tente. Sin embargo el ansia enfermiza de conservar lo existente puede enfrentarnos al desmorono de un marco de convivencia. La privatización del Estado por parte de los aparatos de los partidos y por los políticos profesionales, con el consiguiente eclipse de los ciudadanos y de sus problemas reales, constituyen la ya aparente amenaza contra la democracia en Occidente.

Las dos interpretaciones de la democracia, la que trata de la expresión del principio de un ‘hombre un voto’ y la que fortalece y blinda toda clase de apaños para mantener una ficticia estabilidad, pueden ser legítimas, pero de ninguna manera equivalentes en cuanto a legitimidad democrática. La gobernabilidad y la representatividad estarían mejor garantizadas sin ningún plus que fortalezca ningún tipo de nacionalismo, ni étnico, ni cultural, ni de cualquier otro tipo, por el contrario si se prioriza el principio irrenunciable de una persona un voto. Todo privilegio para un grupo de ciudadanos cualquiera que sea su bandera, es una vulneración de la democracia más elemental. Quizá un federalismo moderno, modelo alemán, garantice mejor los derechos democráticos, que el Estado actual de las autonomías.

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