La Región
IA en Bruselas
Era de esperar: la inteligencia artificial se ha instalado en los despachos de Bruselas. A partir de esta información, surgen varias cuestiones. La primera es si eliminará puestos de trabajo. No es una cuestión menor: el entramado funcionarial comunitario, con decenas de miles de efectivos, verá transformadas muchas tareas administrativas y de análisis. Es probable que algunos puestos se reduzcan, pero también que surjan nuevas plazas en gobernanza, auditoría y cumplimiento de la IA.
La segunda cuestión es si tendremos más simplificación en las normas europeas, en un continente que teme quedarse atrás. La propia UE reconoce el exceso de complejidad y ha lanzado paquetes de simplificación del AI Act, aunque los críticos advierten que esa agilidad puede debilitar garantías y favorecer intereses de mercado. También es significativa esta duda, porque si de algo puede presumir la UE, es de la cantidad de normativas que, en lugar de ayudar, obstaculizan el desarrollo y el bienestar de los europeos.
El tiempo, único juez imparcial, dirá si esta regulación pionera acaba siendo un freno o un marco útil para una IA más segura y competitiva en Europa. Mientras, los burócratas europeos ajustan sus herramientas y sus leyes, entre la promesa de eficiencia y el riesgo de burocratizar hasta la innovación.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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