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Un pacifista amante de las armas
Uno de los temas de disyuntiva contemporaneo es sin lugar a duda el dilema de nuestro porvenir con los avances de la inteligencia artificial. Si nos reportará beneficios y en qué manera, y sus posibles efectos negativos directos, indirectos y colaterales. La cosa no es tan fácil de profetizar en un margen adecuado para crear una sentencia de rigor lo suficientemente concluyente y determinativa.
Debemos hacer constar, en lo que a mi juicio pareticular dirime, que tomar la decisión de hacer criterio responsable sobre ello no es una cuestión baladí, pues los pareceres expresados súbitamente largo y tendido públicamente, queramos o no, hacen la mentalidad embrionaria de esa reacción en cadena que es la opinión y la personalidad pública edificante a “posteriori”.
No hace falta tener una intuición portentosa para asimilar concienzudamente el progreso alcanzado por la humanidad en todos los sentidos de la vida, doméstica y social, para lograr cada vez más un rendimiento y una comodidad adecuada a nuestras ambiciones y necesidades elementales de bienestar. Surgiendo las paradojas puntuales de desigualdades apremiantes y civilización dispar y respecto de la cultura natural.
La inteligencia humana da la sensación de ser omnímoda y por tanto es y será constante en la dependencia de logros de transformaciones redentoras y el encumbramiento de la gloria y prestigio personal. Por lo tanto, el futuro de un mundo inequívocamente gobernado bajo la tutela de la IA es evidentemente inexorable.
Sus secuencias sin lugar a dudas nos reportarán muchas áreas de confort, pero también algunos ineludibles aspecto de uso deplorable. Ordeñar la vaca, llenar el granero, edificar puentes, caminos y albergues dignos, hacer música, dirigir proyectos, administrar condominios, hacer cosas útiles de arcilla y barro el alfarero, llenar el alambique de ambición y malabarismos, conseguir elaborar magia de un serpentín con crecido agüero de destilar plomo en “oro en paño” de altos mimos, el alquimista sueña que con su hacer y su esmero la IA le devuelva sus dilatados destinos.
Gilberto Janeiro Abeledo (Leiro)
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