La Región
La duda existencial y el rastro humano
CARTA AL DIRECTOR
Ahora que por fin llegan las lluvias y los campos de Ourense comienzan a recuperar el verde tras un verano de temperaturas extremas y una sequía prolongada, corremos el riesgo de olvidar lo vivido en agosto. Se dice pronto, pero ha ardido una superficie enorme de nuestra provincia, dejando tras de sí un paisaje desolador y a muchas familias destrozadas.
Durante aquellos días interminables, fueron muchos los expertos -ambientales, agrarios y forestales- que ofrecieron diagnósticos y soluciones. Hablaban de dos frentes: por un lado, la necesidad de revisar una legislación excesivamente rígida que a veces resulta contraproducente en la lucha contra los incendios; por otro, la urgencia de invertir en prevención, vigilancia y nuevas tecnologías de detección y extinción. Pero, ¿qué se ha hecho desde entonces? ¿Qué avances concretos han impulsado las administraciones? Meses después, la respuesta es desalentadora: apenas nada. No hay noticias de planes ambiciosos, presupuestos significativos o medidas sostenidas para afrontar este problema estructural.
Los incendios no se apagan solo con agua, sino con planificación, inversión y voluntad política. No valen las medias tintas ni los parches. Hay dinero, hay conocimiento y hay soluciones. Lo que falta es determinación. Si no exigimos resultados y responsabilidad, volveremos a sufrir el mismo infierno el próximo verano.
Andrés Gómez
(Ourense)
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