Más imaginación

La actividad política requiere cada día una mayor aportación de creatividad, de imaginación. Sin embargo, resulta más cómodo revisar las hemerotecas y actualizar viejas estrategias. El grito de ‘A las barricadas’ como el de ‘no pasarán’ carecen hoy de actualidad en el fondo y en la forma. Su utilización nada demuestra sino es el erial ideológico de los políticos actuales.

Los ciudadanos nos sentiríamos más confortados si se nos considerase como actores interesados en el proceso democrático. Ya no nos consuelan las diatribas que desde los ‘chiringuitos’ lanzan unos contra otros con el afán evidente de destruir la credibilidad del adversario. Un politólogo muy antiguo sostenía que para gobernar en moderno se hacían imprescindibles dos cosas: capacidad de relación de los profesionales de la política entre sí y con los ciudadanos y los medios de comunicación. La capacidad de relación viene sustituida por la visceralidad para marcar distancias con los otros y el ingenio para crear falacias y erigirse en falsos mesías de la modernidad.

El discurso político del reconocimiento del ‘otro’, como interlocutor político, ha de articularse en una ética cuyas categorías permitan explicar una filosofía humanista de lo concreto, al margen de los grandes sistemas, una aceptación de la vida solidaria. La memoria y la imaginación son dos armas imprescindibles de la política. Memoria es mirar con ojos nuevos lo que ha sucedido; ver lo que nuestros antepasados quizá no han podido ver.

Uno de los defectos más graves de ciertos políticos es ver en el ojo ajeno sin captar lo que pueda haber en el suyo propio. Obsesionados por el monopolio partidista de ‘su’ verdad política, no se esfuerzan en buscar otras salidas para resolver los problemas. La memoria es lo único que puede liberar el futuro; es el mejor antídoto contra el aventurerismo. El recuerdo de los errores pasados es condición para elaborar alternativas satisfactorias. Tener memoria es también saber posponer lo accesorio que nos impide la convivencia. La Ley de la Energía Sostenible, no es una mera ocurrencia; puede ofrecernos un ‘marco’ y una ‘ocasión’ con nuevos caminos para establecer relaciones sociolaborales más confortables y productivas. El debate de dicho Proyecto de Ley no debe circunscribirse sólo al Parlamento, debería trascender a la sociedad civil.

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