La Región
Basta xa!
Las recientes manifestaciones racistas aparecidas en el deporte no hay que mirarlas como una casualidad, sino desde la vergüenza. Los estudiosos de los movimientos sociales coinciden en que lo que se denomina “espontaneidad” en realidad no existe, sino que más bien es fruto de un proceso de incubación y que aflora en un momento impulsado por circunstancias. Ahora con alguna frecuencia en congregaciones de masas explotan manifestaciones racistas xenófobas. Es insuficiente verbalizar las repulsas. Es necesaria una práctica social antirracista que impregne todo el tejido social. España no es racista, sin embargo existen brotes que desdibujan esta afirmación.
La ausencia de un reconocimiento efectivo de los valores de los otros es la raíz del racismo. La filosofía kantiana que impregna las relaciones sociales se basa en la autonomía, en la centralidad de la razón, formación moral, en principios universales, respeto por la dignidad humana, equilibrio entre disciplina y libertad.
Se trata de recuperar la fuerza del sufrimiento para lograr un cambio en la sociedad. Es la sociedad en su conjunto la que, al haber sido dañada en su estructura, exige que hagamos frente a los daños causados por la violencia del sistema. Es de justicia recuperar el daño social que sufren las víctimas a partir de la memoria del sufrimiento.
A ese proceso que desencadena la memoria, podríamos llamarlo reconciliación, si aspiramos a una superación de la situación y, por tanto, a un nuevo comienzo. Las víctimas tienen que elaborar su experiencia, cuyo primer paso es el reconocimiento de los valores del otro con independencia del color de la piel, origen o cualquier otra circunstancia.
En este proceso de reconocimiento muere un tipo de sujeto y nace otro. Muere el que se pensaba tan superior que se sentía tan justificado como para despreciar los valores de los otros. Y nace otro que asume una nueva identidad desde el sufrimiento de las víctimas. El cambio interior ha tenido lugar y ese sujeto renovado está listo para hacerse presente con voz propia en nuestra sociedad.
Moncho Ramos Requejo
(Maceda)
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