La Región
Dejemos huellas bonitas
Decimos muchas veces que el mundo necesita justicia, libertad, igualdad o verdad. Y es cierto. Pero esos valores, sin amor, se vuelven demasiado fríos, demasiado fáciles de convertir en doctrina, bandera o reproche. La justicia sin amor puede olvidar el rostro concreto de quien sufre. La libertad sin amor puede confundirse con indiferencia. La verdad sin amor puede convertirse en una forma elegante de crueldad.
No hablo del amor sentimental ni de esa palabra desgastada por canciones, anuncios y frases de taza. Hablo del amor como atención, cuidado y responsabilidad hacia lo que existe fuera de uno mismo. Fromm lo entendía como una respuesta a la soledad humana. Bell Hooks defendió que no puede separarse de la justicia. Simone Weil vio en la atención una forma de generosidad. No hablaban de una emoción fácil, sino de una manera exigente de estar frente a los demás. El amor no necesita imponerse para demostrar su fuerza. Está cuando alguien cuida, escucha, espera, acompaña o decide no hacer daño pudiendo hacerlo.
Una sociedad empieza a perderse cuando confunde todo eso con debilidad y deja de reconocerlo como una forma de inteligencia.
Anaí Zugazagoitia Pérez
(Vigo)
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