Pedagogía y política

Nuestra sociedad se caracteriza por el protagonismo, no de los individuos, sino de los grupos, grandes organizaciones, asociaciones, los partidos de masas; sin embargo se reivindica al individuo y a la persona como fundamento de la sociedad.

Es la manifestación de la restricción pasiva de la participación en las sociedades actuales y prevalencia de una concepción oligárquica de la democracia por la concurrencia de las pseudo élites, crecidas al amparo del burocratismo, a la búsqueda del voto popular en el mercado electoral.

La falta de una explicación coherente y exhaustiva de los proyectos es una carcoma de la democracia. Pedagogía y política deben estar fuertemente unidas. Sin embargo, no es así. La democracia es contar con todas las cabezas, facilitar su expresión, de ninguna manera cortarlas. Se prescinde de las cabezas de los ciudadanos cuando se las minusvalora, se les niega la capacidad de opinar y se hace de ellos convidados de piedra, meros espectadores. La democracia no es una máquina para ganar sólo elecciones, no debe conformarse con ser método y procedimiento para conseguir unos objetivos de gobierno de satisfacción a las necesidades de los ciudadanos. La democracia es un espacio para mejorar los comportamientos cívicos de las personas. La democracia es un instrumento para educar a los ciudadanos y proponer objetivos más acordes con las necesidades sociales, cambiantes y renovadas al albur de los tiempos. Pero sólo cuando se crea, además del proceso electoral con sus reglas necesarias, un clima de estudio, de debate, de respeto a las personas, podemos pensar que estamos en una democracia madura.

La tendencia a una pérdida de educación cívica democrática, crecimiento de la apatía política y sustitución del voto de opinión, por el voto de intercambio (apoyos políticos por votos personales), orientado a la consecución exclusiva de intereses individuales o muy sectoriales, de nuevo corporativismo y nunca desterrado caciquismo.

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