La Región
Maltrato á enfermaría no quirófano de Verín
“Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse”
(José Ortega y Gasset).
Ese riesgo permanente suele darse con frecuencia en miembros de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Provocados o no de palabra, algunos de los citados miembros suelen responder en muchas ocasiones con inusitada violencia. Aquella misma violencia que recuerdo en mis ya lejanos años estudiantiles en el franquismo. Toda manifestación de protesta, toda huelga se reprendía con cargas policiales a diestro y siniestro. Los medios de comunicación, entonces, por mor de la férrea censura, obligados estaban a silenciar tales agresiones brutales.
Con la llegada de la democracia se constitucionalizó la libertad de expresión, de manifestación, de derecho a huelga. Sin embargo, perviven aquellos tics violentos en algunos agentes de la policía. Algo que pudiera identificar al lema de la policía, “Comprometidos contigo”, como un sarcasmo. ¿Comprometidos en qué y para qué? Si su patrón es el Santo Angel Custodio, lógicamente cabria esperar que se afanasen en proteger al ciudadano manifestante, y cuidarse de no agredirle. Las imágenes de la carga de la Ertzaintza contra miembros de la Flotilla Global Sumud son de brutalidad extrema en el aeropuerto de Vitoria Gasteiz.
La atacó por la espalda, sin previo aviso, arrojándola al suelo, provocándole rotura de tabique nasal y en mandíbula
Otra imagen impactante ha sido la agresión de un agente a una profesora, que se manifestaba pacíficamente en Valencia. La atacó por la espalda, sin previo aviso, arrojándola al suelo, provocándole rotura de tabique nasal y en mandíbula.
Fuera de esa violencia, hay otros rasgos deshumanizantes en determinados agentes policiales. Lo pude comprobar en el barrio donde resido. Había una pareja de la policía local, al parecer, tratando de identificar al propietario de un vehículo. En esos momentos, caminaba zigzagueando con bandazos un paisano, probablemente en fase de intoxicación alcohólica. Comenzó con una caída de bruces, circunstancia por lo que se dio cuenta a la pareja policial. Se limitaron a ser espectadores hasta la tercera caída del atribulado hombre, cuando una mujer samaritana logró levantarlo y le ayudó a acompañarle. No demostraron atisbo alguno de humanidad. Ellos venían a lo que venían a levantar un atestado de una infracción automovilística, no a socorrer a un ciudadano en serio riesgo de lesiones graves.
Espero creer, como deseo, que son una minoría, que corresponde al Ministerio o municipio, apartarles de un servicio en el que no deben estar por razones de higiene, no solo democrática, sino humanitaria.
Abelardo Lorenzo
(Ourense)
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