La Región
Mientras arde España
Mientras el país ardía, la televisión pública ofrecía otra combustión: la del relato político. Amplias zonas devoradas por las llamas, miles de evacuados y, en paralelo, un expresidente compareciendo como si el calendario nacional no estuviera reducido a cenizas, acompañado -cómo no- del habitual enfrentamiento entre políticos.
No deja de ser revelador el sentido de la oportunidad. Cuando la atención de los ciudadanos está fijada en si conservarán su casa o la verán convertida en cenizas, alguien decide que es buen momento para explicarse en horario de máxima visibilidad. Debe de ser que hay urgencias que no entienden de incendios.
Aquí nadie dimite por la falta de previsión, pero siempre hay tiempo para comparecer
Mientras tanto, el fuego avanza con la puntualidad de cada verano. Más de 108.000 hectáreas arrasadas y subiendo. Pero no pasa nada: la prevención sigue siendo ese concepto abstracto que siempre llega tarde, cuando ya solo queda contabilizar pérdidas materiales y ambientales y ensayar gestos solemnes.
Aquí nadie dimite por la falta de previsión, pero siempre hay tiempo para comparecer. Para correr al plató, no para adelantarse al fuego. Será que apagar incendios reales exige algo más que controlar el relato.
Al final, la elección es sencilla: o miramos a las llamas, o miramos a la pantalla. Lo inquietante es que, año tras año, parece arder más lo segundo que lo primero.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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