Lo de los Therian
En un mundo donde conviven innumerables especies, cada una con su naturaleza y su lugar en el equilibrio de la vida, el ser humano ha destacado por su capacidad de reflexionar sobre sí mismo, de construir cultura y de asumir responsabilidad sobre su entorno. Esta conciencia no solo nos permite admirar la diversidad del reino animal, sino también comprender que nuestra identidad biológica y social forma parte de una historia evolutiva concreta.
A lo largo del tiempo, los seres humanos hemos encontrado inspiración en los animales; hemos aprendido de su adaptación, hemos proyectado en ellos virtudes y hemos sentido una conexión emocional profunda con la naturaleza. Sin embargo, en los últimos años han surgido corrientes, como la llamada cultura therian, en las que algunas personas buscan definirse o expresarse desde una identificación más literal con lo animal. Aunque toda vivencia merece respeto, también es legítimo plantear una reflexión crítica.
Olvidar que somos una especie con características propias, biológicas, cognitivas y culturales, puede conducir a una cierta confusión sobre nuestro papel en el mundo. La condición humana no es un detalle menor ni intercambiable… implica responsabilidad ética, capacidad de juicio y participación en estructuras sociales que sostienen la convivencia. Cuando se difuminan estos límites, existe el riesgo de desdibujar el sentido de pertenencia a la comunidad humana y de perder perspectiva sobre lo que significa vivir en sociedad.
Ser críticos no significa ridiculizar ni excluir, sino recordar que la admiración por lo animal no debería traducirse en una negación de nuestra propia naturaleza. La diversidad de pensamientos es valiosa, pero también lo es mantener un anclaje en la realidad de quiénes somos, de dónde procedemos y del papel que desempeñamos en la vida.
Quizá el verdadero reto esté en reconciliar nuestra fascinación por la naturaleza con una comprensión clara de nuestra identidad humana… apreciar la riqueza del mundo vivo sin olvidar que nuestra historia, nuestra biología y nuestra cultura nos sitúan en un lugar específico con responsabilidades que no podemos delegar ni diluir.
Pensar en ello no es un ejercicio de confrontación, sino de honestidad… recordar siempre que la convivencia armónica entre especies comienza por comprender con respeto y lucidez quiénes somos.
José Manuel Varela Mosquera
(Ourense)
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