Damián llegó sin avisar, el primer nacimiento en una casa de Vilanova tras 60 años

CASO ATÍPICO

El nacimiento de Damián González es un "caso atípico", según los médicos, un parto inesperado y sorprendentemente rápido que sucedió en una casa sin atención sanitaria inicial. Una situación así no se repetía en Vilanova desde hace décadas.

Damián, en brazos de su madre.
Damián, en brazos de su madre. | Óscar Pinal

Se dice que en Vilanova dos Infantes (Celanova) el último parto en una casa fue hace sesenta años. El 26 de febrero del presente 2026 cambió la historia con el nacimiento inesperado de Damián González en el domicilio de sus abuelos maternos, quienes fueron los primeros en tenerle entre sus brazos.

No estaba en los planes de Eva Martínez que su parto comenzara lejos de un ambiente hospitalario, pero “la vida así lo quiso y así tuvo que ser”, cuenta. En realidad, se esperaba que Damián naciera dos semanas después del día en que nació, tal y como el médico se lo había asegurado la mañana antes de que el pequeño llegara al mundo. “El 26 de febrero me desperté en la madrugada con molestias por una postura incómoda, o eso creía yo. Fui al baño y me acosté otra vez. Al cabo de un rato volví a levantarme, esta vez con dolor, y me di cuenta de que estaba de parto”, relata Eva. Esa noche no se encontraba en su casa en Orga, sino en la de sus padres en Vilanova. “Llamé gritando a mamá y le dije que me vestiría para ir al hospital” y, aunque era su idea, no alcanzó a prepararse, porque la presión que sentía en el vientre bajo era tan alta que le hizo ver la realidad: el niño estaba a punto de salir.

Todos los miembros de la familia materna de Damián implicados en su nacimiento.
Todos los miembros de la familia materna de Damián implicados en su nacimiento. | Óscar Pinal

“Le dije a Eva que no daría a luz justo en ese momento. Comprendí que estaba equivocada al ver la cabeza del pequeño totalmente fuera”. Belén Conde, madre de Eva, jamás imaginó verse en una situación así; era consciente de que no podía perder tiempo cuando se trata de ayudar a una hija, así que actuó lo mejor que pudo con un único objetivo en mente: “Debía evitar que el bebé se cayera. Mi hija estaba de pie, apoyada en la bañera, y tenía miedo de que la criatura se me resbalara”. La urgencia del momento le impidió organizarse, solo le dio tiempo de llamar a su marido, y juntos asistieron el parto. La hermana de Eva, Sofía, de trece años, observó la escena desde el pasillo junto con su abuela Pura, quien la acompañó durante el nacimiento de su sobrino: “Estaba asustada, pero intenté ayudar”, confiesa; de hecho, fue ella quien anotó la hora del nacimiento de Damián a las 2,47 de la mañana.

Altar dedicado a la Virgen del Cristal en la casa familiar.
Altar dedicado a la Virgen del Cristal en la casa familiar. | Óscar Pinal

Para Pedro Magín Prieto, abuelo de Damián, el mundo se detuvo en el instante en que vio al bebé totalmente azul, pues sospechó que estaba teniendo dificultades para respirar. No recuperó la calma hasta escuchar el llanto del bebé y ver que su tez poco a poco se tornaba rosada. “Sentimos muchos nervios. Cuando Eva marchó con el padre en la ambulancia, Belén y yo nos echamos a llorar creyendo que le habíamos hecho daño al niño. Tras unas horas, nos enviaron un vídeo suyo en perfecto estado. Fue una descarga de alivio. Y ahora, casi un mes más tarde, siento que hemos tenido suerte por haber ayudado a nacer a nuestro propio nieto”, admite, envuelto en la emoción propia de un abuelo orgulloso.

Damián es el hijo menor de Eva. Después del nacimiento de su primera hija, Nora, de cuatro años, la madre tuvo dos pérdidas, motivo por el que una tía le regaló la imagen de la Virgen del Cristal y una vela que mantuvo siempre encendida para que la protegiera a ella y a Damián. El abuelo del pequeño asegura que la llegada del niño fue un milagro, obra de la Virgen: “Ese día ella nos dio fuerzas”.

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