UN AÑO DEL INCENDIO
Verónica: volver a empezar para volver a pastorear en Chandrexa de Queixa
UN AÑO DEL INCENDIO
Un año después de que el fuego arrasase su explotación y se llevase consigo 170 cabras, 70 cabritos y uno de sus perros guardianes, Verónica Villamor Oliva vuelve a mirar al monte con ilusión. Aquel incendio de Parafita, en Chandrexa de Queixa, no solo redujo a cenizas el trabajo de años, sino que durante un tiempo también le hizo plantearse si tenía fuerzas para empezar de nuevo. Hoy, sin embargo, vuelve a escuchar las chocas de sus animales entre los montes del pueblo y alrededor de 50 cabras pastan de nuevo por donde antes lo hacía su rebaño. “Yo sí hubiera tirado la toalla, pero la gente nos apoyó dando ánimos e incluso económicamente”, reconoce.
El nuevo rebaño comenzó casi de la manera más inesperada. Aquel día quedaron cinco cabras en la cuadra, recién paridas, que sobrevivieron al incendio junto a sus crías y permitieron que la historia no terminase allí. Después llegó un gesto que Verónica difícilmente olvidará: un vecino de León le regaló 20 cabras y ella y los suyos viajaron hasta allí para recogerlas. “Además, un señor de León nos regaló 20 cabras y fuimos a buscarlas”. Con el primer pago de las ayudas de la Xunta, recibido en julio, se animaron a comprar otras 30 a un ganadero de Trives. El segundo ingreso acaba de llegar hace apenas unos días y ya tiene claro su destino: seguir haciendo crecer un rebaño que vuelve a llenarle de ilusión.
Pero si hay una ayuda que Verónica guarda de manera especial en el corazón es la de sus propios vecinos. En Casteligo, el pueblo situado más abajo, decidieron cambiar su tradicional fiesta de agosto por un gesto de solidaridad. “Los vecinos de Casteligo celebran su fiesta siempre el último fin de semana de agosto y no les pareció ético gastar el dinero en fiesta después de lo que habíamos vivido. Hicieron la recolecta igual y, en lugar de tener orquesta, nos donaron lo recaudado”. Un detalle que, un año después, sigue emocionándola.
Entre quienes más cerca vivieron aquella tragedia está Carlos Lamelas, quien aquel día corrió monte arriba intentando salvar las cabras mientras las llamas le cerraban el paso. Fue también uno de los que más insistió para que Verónica no abandonase. Hoy celebra como nadie que el rebaño vuelva a los prados de Parafita. Y no solo por el cariño a los animales: las cabras cumplen también una labor esencial en un entorno donde cada vez quedan menos ganaderos. “Esto sigue sin limpiar, y las cabras son las encargadas de ello”, explica Verónica, que asegura que vecinos de pueblos cercanos incluso les cuentan que echan de menos el sonido de las chocas cuando el rebaño no pasa por sus montes.
Volver a empezar, no ha sido sencillo. Cuando el rebaño comenzaba a producir y el trabajo de tantos años empezaba a dar sus frutos, llegó el incendio y desapareció todo de golpe. Durante meses, los gastos continuaron mientras las ayudas administrativas llegaban a un ritmo mucho más lento que las necesidades. La ayuda del Gobierno central llegó antes de terminar el año y la de la Xunta se está abonando en dos pagos. Mientras tanto, Verónica tuvo que buscar otras vías para sacar adelante el día a día y llegó incluso a trabajar como camarera para aportar un sueldo a una explotación que había quedado prácticamente en cero.
También el monte necesita su tiempo. Aunque vuelve a teñirse de verde, buena parte de la vegetación que ha crecido son helechos, un alimento que no convence a las cabras, por lo que ha sido necesario comprar pienso. Por suerte, el heno que Verónica había almacenado antes del fuego y que estaba destinado a alimentar a su antiguo rebaño durante el invierno sirvió para mantener a las nuevas inquilinas cuando llegaron a la explotación.
Ahora el futuro vuelve a tener forma de pequeños cabritos. Algunas de las nuevas cabras ya están preñadas y varias están a punto de parir, lo que permitirá que el rebaño siga creciendo de forma natural. Verónica tiene claro que las hembras se quedarán para continuar ampliándolo. “Ahora tenemos alrededor de 50 cabras en el monte”, cuenta con una ilusión que hace un año parecía imposible.
Y hay una imagen que resume cuánto ha cambiado la historia. Aquel día, entre las llamas, Verónica perdió también a uno de los perros que custodiaban su rebaño. Hoy nos recibe rodeada de tres enormes y hermosos mastines y un border collie que juguetean felices a su alrededor. El fuego se llevó mucho, pero no consiguió apagar las ganas de volver a empezar. Las chocas vuelven a sonar en Parafita, las cabras vuelven a recorrer el monte y Verónica vuelve a tener un rebaño al que cuidar.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
UN AÑO DEL INCENDIO
Verónica: volver a empezar para volver a pastorear en Chandrexa de Queixa
30 ANOS DE TRABALLO
O arrecendo do pan que xa non sairá do forno da panadería Chandrexa
TAMBORES E TRADICIÓN
Galería | Chandrexa goza dun desfile de folión cheo de cor e son
Lo último
Juan Andrés Hervella
IGREXAS E CAPELAS OURENSÁS
Construcións obxectivas, hórreos
USAN UNA ALCANTARILLA
Los robos en vehículos no cesan en el barrio de A Ponte: "Cada día vai a peor"