El bar Panchito de O Couto

Eduardo y toda su gran familia se convirtieron en uno de los referentes del barrio

El bar Panchito, en la actualidad.
El bar Panchito, en la actualidad.

La gente de mi generación y anteriores intentamos conservar ciertas costumbres que nos identifican, y una de ellas es la de tener conciencia de barrio.

Ya sabéis que los del Puente incluso tienen justificación histórica (fueron Concello de Canedo), pero los demás, Couto, Mariñamansa, Posío, San Francisco... se la hicieron a base de vivencias propias. Aquello de salir a la calle sin preocuparte de llevar dinero porque en cualquier tienda te conocían y te fiaban, lo de que los niños estuvieran libres todo el día y con frecuencia se colaran a merendar por el “bigote” en casa del vecino, las tertulias en la calle, aquellos tórridos veranos y, cómo no, “los confesionarios”. Así les llamo yo a aquellos bares en los que entre cartas, tazas y pinchos se arreglaba el país o se entrenaba al mejor equipo de fútbol. De uno de ellos, un clásico del Couto, os hablare hoy: el bar Panchito.

Su nacimiento de sitúa en el año 1966, fruto del tesón de un padre y la generosidad de un hijo. Eduardo Alvarado López, vecino de A Peroxa desde 1906, a los 18 años emigro a Cuba con su padre y hermana. Allí se hizo con el título de "Panchito", y poco más; los acontecimientos de la isla no permitieron regresar con grandes medios.

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Eduardo consigue establecerse como sereno del barrio, se casa con una gran mujer, Concha, y tienen seis hijos, el mayor también Eduardo. Como las cosas en el país no han mejorado, en 1964 emigra a Suiza. No tarda en conseguir unos pequeños ahorros (esfuerzo, esfuerzo y...). Es en ese momento, año 66, cuando Eduardo padre ve una buena oportunidad de negocio: el barbero de Ervedelo se retira y deja libre el bajo. La zona promete, el motor de aquellas era el campo de fútbol, al que los aficionados acudían todas las semanas, a disfrutar de aire “puro” y liberar tensiones (los árbitros pueden dar fe). Los vecinos de entonces aplaudían toda iniciativa de negocio, el barrio debía crecer, toda la urbanización de casas de la Caja de Ahorros tenía sus bajos vacíos. Solo el colegio de la propia caja y la tienda de ultramarinos de Claudina y César, también el Bar Limia, pero ya se sabe que en estos casos de “chiquiteo”, mejor dos que uno solo, daban ambiente a la zona.

La economía de Eduardo no permitía meterse en inversiones, pero como ya he dicho, su hijo en poco tiempo de emigración había hecho unos pequeños ahorros y no dudó en animarlo a la aventura. No nos engañemos, toda la familia sabía que sería complicado, pero con Concha al frente, esfuerzo no iba a faltar. Ella sola se encargó los dos primeros años de todo, hasta que, ya en marcha, Eduardo deja el puesto de sereno y dedica todo su tiempo al negocio. Había nacido el Panchito.

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Poco a poco la clientela va creciendo, jóvenes del barrio acudían a la improvisada tertulia que Eduardo tenía a diario; más que tertulia, monólogo, ya que el hombre, al que gustaba la lectura, daba buenos consejos y nuevas ideas. Una de estas ideas era la de fomentar la unión entre vecinos, y así casi sin querer nace la Peña Panchito. Este fue el espaldarazo definitivo. Con el deporte como hilo conductor, el bar se convirtió en un hervidero de deportistas, y durante años los jugadores del C.D. Orense y Atlético Orense tenían allí su "local social". Concha, Eduardo y toda su gran familia se convirtieron en uno de los referentes del barrio, y aunque solo fueron 15 años al frente del negocio, para muchos fue toda una vida. Después, el negocio se alquiló y por fortuna fue cayendo en buenas manos. Celina y Pepe lo rigieron hasta el 2000, y hoy es Roberto quien lo gestiona. Lo que sí es posible, es que algún día sea un descendiente de la familia quien retome el negocio, Eduardo (hijo) nunca se quiso deshacer de él.

Los datos han sido facilitados por la familia. Gracias Esther, Eva, Alba, Silvia, Esteban, etc.

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