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El caso de la aldea de A Barca es el síntoma de un proceso que comienza a desarrollarse en la provincia con la llegada de candidatos desde el extranjero o el resto de España que buscan en Ourense lugares donde comenzar una nueva vida o entrar en el sector vitivinícola. Elvira Fafián, experta inmobiliaria en este tipo de propiedades, los divide en dos categorías. “Por un lado está la gente más joven, con posibilidades para adquirir una aldea por un precio de 30.000 a 60.000 euros”, explica. “A este tipo de candidatos no les asusta, hasta cierto punto, el estado de la carretera o el tiempo necesario para la restauración. Luego tenemos a matrimonios de cierta edad, que requieren que haya centros médicos y servicios cerca. La alta velocidad ha traído también a gente de Madrid interesada”, añade.
Este segundo perfil de clientes están más interesados en los pazos y bodegas. “Las que se están comercializando son bodegas familiares que se venden por jubilación de sus propietarios”, comenta la agente imobiliaria. “La calidad de la uva es muy buena, y eso atrae a inversores que quieren sacarle rentabilidad. La inversión en estos viñedos suele estar entre 150.000 y 200.000 euros que incluyen una casita y el viñedo”, comenta.
Pero no todos los interesados acaban instalándose en Ourense. “Está llegando mucha gente, pero no todos invierten”, reconoce Fafián. “Son perfiles muy exclusivos los que están comprando, que quieren arriesgar. En Ourense hay mucha aldea disponible, pero la localización es un inconveniente”, matiza. “Muchas propiedades están ubicadas en zonas de pendiente. Eso significa niebla, que a veces no se levanta hasta las 11 de la mañana. Y los inviernos son muy duros”, relata la agente, que ha observado cómo muchos interesados no rematan la compra. “La gente que va con niños a ver la zona muchas veces no se queda por el clima, las carreteras o los accesos. En verano puede ser maravilloso, pero el invierno te echa atrás”, reconoce.
Otro factor de dinamización para este mercado de propiedades abandonadas ha sido la llegada del AVE. “La alta velocidad ha traído a gente de Madrid interesada. Hace 4 o 5 años eran emigrantes”, concluye.
Para hacer frente a los gastos, algunos compradores optan por asociarse en grupos. Cuentan con 5 o 6 integrantes que constituyen una cooperativa para afrontar la adquisición de las fincas y la restauración posterior. “A estos les interesa mucho Ourense y suelen dar el primer paso, pero se encuentran con una barrera económica a la hora de afrontar el gasto; por consiguiente, suelen pactar un pago a plazos para poner en marcha un enclave turístico”, sostiene la agente Elvira Fafián.
Esta opción sería la favorita de extranjeros italianos o franceses, que se unen en cooperativas o en pequeños grupos para poder llevar a cabo toda la documentación necesaria. Pero este modelo de compraventa cuenta con dos obstáculos. Primero, la desconfianza de los bancos a darles crédito bajo esa fórmula asociativa. “Los bancos lo miran con lupa”, garantiza.
Luego viene la desconfianza de los propietarios. “Les está costando entrar en el mercado”, reconoce la agente inmobiliaria. “Los grupos no están acabando de funcionar porque el propietario no está acostumbrado a tratar con colectivos. El dueño prefiere tratar con una sola persona o con una empresa. Empezar de cero para comprar es complicado, y los propietarios buscan saber muy bien quién integra estos grupos”, asegura.
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