Román Pedreira Jordedo
DIARIO LEGAL
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SUEÑOS DE OLIMPIA
Tras el enorme éxito de los Juegos de Berlín 1936, convertidos en arte por Goebbels y Leni Riefenstahl, Alemania preparaba con ilusión el Mundial de fútbol de 1942. Una nueva oportunidad para promocionar su régimen.
En el Congreso FIFA de 1936, elegida Francia como sede del Mundial 1938, el régimen nazi se postuló como aspirante a la siguente cita. Y lo hubiese logrado, de no ser por el estallido de la II Guerra Mundial.
¿Jugó a dos bandas Hitler? No tenía mucho sentido la organización de un evento deportivo de cierta magnitud cuando estás a punto de invadir Polonia y repartírtela con la URSS.
Investigaciones históricas revelan que Hitler sopesó mucho atacar Polonia. Su enemigo natural y principal objetivo era la Unión Soviética. No pretendía provocar un segundo frente y temía hacerlo si las potencias europeas reaccionaban a esta invasión.
En las mismas fechas, el presidente FIFA, Jules Rimet, buscó otra sede. Lo intentó con Argentina y Brasil. En 1941, claudicó. La Guerra venció al fútbol.
Su Ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, le aseguró que Francia y Gran Bretaña no moverían un dedo. Ministros cercanos -Himmler o Göering- se oponían a esta arriesgada acción.
El Congreso FIFA de 1938 dejó la elección en suspenso. Aunque Argentina y Brasil también se habían presentado, Alemania era la preferida, a pesar de su peligrosa ideología y del tenso clima europeo.
En septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia. Al momento, Francia y Gran Bretaña le declararon la guerra. “¿Y ahora, qué?”, gritó Hitler a Ribbentrop.
Documentos del MI6 británico certificaron 16 treguas solicitadas por Hitler, entre 1939 y 1941. Todas se rechazaron.
En las mismas fechas, el presidente FIFA, Jules Rimet, buscó otra sede. Lo intentó con Argentina y Brasil. En 1941, claudicó. La Guerra venció al fútbol.
El “Anschluss” fue el término de la Alemania nacionalsocialista para definir la anexión de Austria, a partir del 12 de marzo de 1938. Un proceso de reunificación de los pueblos de habla germánica, que ya exigía Hitler en su famoso libro “Mi lucha”.
Gracias a la pasividad europea, a la amenaza bélica y -no cabe duda- el respaldo de buena parte de los austriacos, Alemania absorvió a su vecina e instauró sus normas. En el ámbito deportivo, esto significó que sus deportistas competirían bajo la esvástica.
Las crónicas relatan que en ese partido, Sindelar jugó como nunca. Lideró a su selección y marcó uno de los dos goles (2-0) que celebró con burla ante el palco de autoridades nazis. Fue su última exhibición.
Para celebrar la anexión, el 3 de abril de 1938 se disputó en Viena un partido de fútbol entre Alemania y “la antigua Austria”. Esa anexada selección se conocía como “equipo maravilla” (Wunderteam) gracias a un juego rápido, de pases cortos y directos, antesala del fútbol moderno.
Al frente del “Wunderteam” estaba Matthias Sindelar. Apodado “el Mozart del fútbol” por su talento, elegancia y belleza de movimientos. Sindelar, católico, mantenía una relación con su prometida Camilla Castagnola, de ascendencia judía. Por lógica, contrarios al régimen nazi.
Las crónicas relatan que en ese partido, Sindelar jugó como nunca. Lideró a su selección y marcó uno de los dos goles (2-0) que celebró con burla ante el palco de autoridades nazis. Fue su última exhibición.
Después se negó a disputar con la selección unificada el Mundial de París de 1938 y posteriores citas, aludiendo falsas lesiones.
El 23 de enero de 1939, Sindelar y su pareja amanecieron muertos en su piso de Viena. La policía lo atribuyó a la inhalación del monóxido de carbono de una chimenea defectuosa.
Se rumoreó sobre un suicidio pactado, también sobre una ejecución de la Gestapo. Sindelar murió a los 35 años, como Mozart.
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