El cemento, duro, como la jeta

Pasó lo que pasó

La rúa Concordia, vallada  para el inicio de las obras. (MIGUEL ÁNGEL)
La rúa Concordia, vallada para el inicio de las obras. (MIGUEL ÁNGEL)

El cemento es uno de los mejores inventos de la humanidad, supera a la rueda y el fuego, ya no digamos a la penicilina. Sin cemento no somos nadie, es más necesario que el petróleo y aún le aguanta el pulso a Internet. Es el alimento de las vidas públicas y privadas. Como administrados que somos nada nos embelesa tanto como el bacheo y la sustitución de la loseta de la acera, ya no digamos la construcción de una autovía o el nuevo tendido ferroviario. No se han descrito quejas furibundas de los ciudadanos por la programación del auditorio (salvo la intelectualidad orgánica, también diezmada, por cierto), pero sí porque la calle está hecha una corredoira. Como engranajes de la sociedad de la apariencia económica que somos nada viste más que el hormigón amasado para dar forma al piso comprado, a la casa en las afueras y al apartamento en la playa. Ningún gobernante sobrevive a su gestión sin una sola hormigonera. Puede perpetuarse en el poder siendo un grosero, un canalla y un haragán, pero lo mandarán para casa los votos de los desencantados de la operación bulleiro, los frustrados por carecer de acceso digno al portal, no los que echen de menos llegar al éxtasis con una ópera de Guiseppe Verdi en el auditorio.

Pisar planchada antes que moqueta

Por eso es tan importante que la hormigonera esté en perfecto estado de revista, es la regadera del voto, la caña que pesca en río manso. Es la mejor manera de comprar la voluntad de la grey, que distinga bien la sigla de la papeleta que deja en la urna. Por eso se lo toman muy en serio todas las administraciones. Por ejemplo, los conselleiros y conselleiras pisan más la planchada que la moqueta. Como no hay pirámides ni acueductos que inaugurar, los coches oficiales y las comitivas del gobierno gallego salen de Santiago para fotografiarse a más de cien kilómetros visitando la orilla de una carretera por la que irá “unha senda peonil” o para entregar envases de reciclaje. Contaminan más los vehículos movilizados para la puesta en escena institucional que el residuo depositado en el recipiente equivocado. Pero es la nueva batalla del relato, que se dice ahora, que cale el mensaje de que una sociedad feliz es una sociedad bien hormigonada.

A veces veo picos y palas, no muertos

Que se lo digan a los habitantes de la ciudad, que han pasado los últimos tres años de sequía cementera, al punto de despertarse por la noche sobresaltados por la angustia y exclamar: “A veces veo picos y palas”, en un remedo de El Sexto Sentido. Ahora, al menos, hay vallas en la rúa Concordia, donde se han previsto unas prótesis ortopédicas para salvar el desnivel de la calle a modo de rampas. Es quizá una de las obras más estratégicas que se pudieron haber programado. Solo los cachas suben la pasarela del puente del Milenio. Lo hacen para su lucimiento atlético y contarlo luego en las redes sociales. La ciudad envejece y es mejor subir por Concordia ayudados, montados en la rampa mecánica que transporta sin esfuerzo camino de As Mercedes. Mirando desde la plataforma, es conveniente santiguarse en señal de agradecimiento al pasar frente a los negocios del alcalde, que quedan en la misma calle. Sin duda, es una casualidad como otra cualquiera.

Tener la encuesta y la cara muy dura

Visto lo visto, el que tiene la llave de la hormigonera tiene el poder, derramar cemento es acogido por los lugareños como una bendición, como el resultado de una rogativa a los santos para que llueva. Si Juan Luis Guerra imploraba que ojalá lloviese café en el campo, el ourensano suplica una tormenta en forma de hormigón. Los últimos cambios en el aquelarre municipal tienen por objeto que solo conduzca la hormigonera uno, le ha quitado las llaves a los socios. Lo hace dos meses después de que le pasasen una encuesta según la cual mantiene su intención de voto frente a los nueve escaños del PSOE, los ocho del PP y el resto a repartir, con un BNG muy bajo de forma. Y si sigue la regalía de arena y cemento, esto va para largo. Él sabe que el futuro es de los que tienen más cara que el cemento armado.

El portafotos

Manuel Reigosa.
Manuel Reigosa.

Manuel Reigosa es el rector de la Universidad de Vigo y candidato único a la reelección en las elecciones del 4 de mayo. Pese a que no tiene alternativa las urnas deben abrirse igualmente. Estuvo el jueves en el campus ourensano celebrando un acto abierto en el que expuso algunas líneas para el futuro mandato que, en su caso, será un punto y seguido. Es una auténtica delicia escuchar a los cargos de instituciones o entidades en época electoral porque no dejan cabo suelto. Cualquier mirada a la gestión saliente es autoexculpatoria y el anticipo de lo que harán colma las aspiraciones del más exigente. Si algo no ha salido según lo previsto en la etapa saliente ha sido por imponderables no previstos y cualquier avatar que salga al encuentro de la gestión futura será sorteado con maestría. Reigosa trajo en el zurrón edificios, equipamientos y titulaciones para el campus de Ourense. Venían prendidos en el discurso, sabremos si con alfileres o estaban debidamente zurcidos para que no haya costurones en la nueva etapa. El rector seguirá adelante sin la incomodidad de tener que contraponer su modelo de gestión frente a otros rivales. De eso no tiene la culpa, aunque sea la esencia de la democracia.

Expertos en las páginas amarillas

FOTO: MARTIÑO PINAL
FOTO: MARTIÑO PINAL

Google también acabó con Páginas Amarillas, el listín telefónico de empresas y profesionales utilizado para localizar un fontanero o la dirección de una tintorería. No recuerdo que con la letra “E” se registrase la palabra “experto”, con la dirección y teléfono de los que acreditasen la condición. Hoy estaría incompleta esa guía si no incorporase la nómina de sesudos conocedores de las más variadas disciplinas. Lo son tanto como la mayoría de los tertulianos, que manejan todas las claves, sobre todo la del wifi, como diría Rubén Amón. En una tele un experto pontifica sobre el uso de la mascarilla, recomendando su retirada. En el canal vecino, hay un partidario de mantenerla. Uno de ellos pudo aventurar que el covid afectaría a tres o cuatro personas en España. El otro, que pasarían al menos tres años para descubrir una vacuna. Esta semana hicimos caso a Pedro Sánchez, que autorizó la bajada de bandera. Era el experto que encontramos en la guía.

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