La empresa ourensana Textil Lonia se va de compras
ECONOMIA OURENSANA
Antonio Nespereira analiza la compra de la empresa ourensana Sociedad Textil Lonia (STL) de Christian Lacroix, mítica casa de moda de lujo
Sociedad Textil Lonia (STL) acaba de anunciar la compra de la marca Christian Lacroix, cuyo creador, dijo aquello de que “si fuese un diseñador de moda que solo sigue tendencias o que diseña para celebridades, no me sentiría realizado”. Ahora serán otros los que filosofen sobre patrones costuras, telas y entretelas. Y, sobre todo, marquen el norte en la línea de negocio. La firma ourensana fue creada en 1997 por Josefina, Jesús y Javier, el trío de jotas que gana la mano en la partida de la moda. Ourensanos de las tierras de Trives acentúan su apuesta por la provincia al menos en una de sus actividades incorporando una enseña que mantiene la esencia de los preclaros diseñadores criados a los pechos del feraz siglo XX y adorados por la sociedad de consumo como en la Grecia clásica se veneraba al vellocino de oro. Una nueva etiqueta que viene a sumarse a Purificación García y CH Carolina Herrera, cuyos productos tienen sus genes en Pereiro de Aguiar desde 1998 y año 2000, respectivamente.
Los tres Domínguez mantienen el 75% del accionariado de una empresa que emplea a 2.500 personas y abre cada día 600 persianas en 43 países. Entre clics y tintineos de las cajas registradoras entran al buche de STL más de 400 millones de euros al año. Ellos, de contrastada aversión mediática, siguen construyendo con cierto sigilo su fortaleza, un referente en Galicia y resto de España, haciendo la lógica abstracción de Inditex, que juega en la liga interplanetaria. Anuncia STL que la compra de Christian Lacroix fortalecerá el empleo y permitirá recuperar la ampliación de sus instalaciones. La compañía ha recuperado el proyecto que la pandemia del coronavirus envió al cajón. Ahora sale de nuevo de aquellas catacumbas. Actualmente ocupa 58.000 metros cuadrados y serán en torno a 93.000 cuando las obras concluyan. Las oficinas y servicios centrales pasarán de 3.000 a 12.000 metros cuadrados. A la capacidad de colocar en los diferentes productos el cubo de Purificación García, la CH de Carolina Herrera se suma ahora la CL entre una aspa formada por lo que parece hierro forjado.
En una provincia que empresarialmente tiene mucho de Lilliput, que Sociedad Textil Lonia rompa costuras es un acontecimiento. Con escasos 28 años de vida está presente en cuatro continentes y supone uno de los pulmones industriales ourensanos. Sus gestores se quejan de las dificultades que tienen para atraer o mantener talento que satisfaga las altas exigencias impuestas, pero no siempre eso va en el debe del currito, como asume ya todo quisque dentro de la compañía. Con todo, la textil ha puesto la proa hacia el futuro desde el abigarrado parque empresarial de Pereiro de Aguiar, que ya no tiene sitio ni para el costurero de la Señorita Pepis. Todo va lento en Ourense: en octubre del 2021, aún con mascarilla, autoridades de Pereiro y de la Xunta hablaban de habilitar unos 200.000 metros cuadrados más para facilitar la llegada de nuevas empresas o ampliar las existentes. Arrancando 2025, seguimos trabajando en ello, como dijo Aznar con acento tejano después de verse con George Bush.
En noviembre del 2019, cuando Galicia era Feijooland, el presidente de la Xunta despachó una ampliación de 400.000 metros cuadrados del polígono de San Cibrao das Viñas “que estará lista en 2021”. Han pasado los Reyes Magos del 2025 y no sé si han dejado en la sede de la asociación de empresarios una paleadora y un camión, al menos de juguete, para ir empezando. Su presidente, con la mesura verbal de un pacificador de la ONU, templa el verbo, no sea que levante suspicacias en Santiago o Madrid, territorios cada vez más lejos de la influencia ourensana, por mucho AVE que vaya a toda leche.
La provincia anda justita de parcelas para facilitar el asentamiento de nuevas empresas o ampliar las existentes pero en la agenda reivindicativa (¿reivindicativa?) de la sociedad civil y sus representantes (¿representantes?) no figura el qué hay de lo nuestro. O no se les oye, de bajito que hablan: “La protesta de los pobres la escucha hasta Dios, pero no suele llegar al oído del hombre”, dice un aserto. En Ourense siempre hemos sido más de oír misa, pero sobre todo comulgar con ruedas de molino.
Está contrastado el interés por invertir en Ourense, pero sus representantes no lo ponen fácil. La ciudad carece de plan de urbanismo y de suelo empresarial por lo tanto. No se ve motivo, la verdad, siendo que mientras no se asentasen industrias, bien cabrían allí varias orquestas. La ciudad va camino de apostar por unas rave como modelo de desarrollo. Mira la de Ciudad Real, que acaba de concluir. Para qué mirarse en el espejo de Huesca, que cambia su filosofía urbana con el fin de incrementar su población un 10%, como en días pasados contaba la prensa.
Menos mal que en Ourense, ajenas a la displicencia institucional, libran cientos de empresas su batalla por sobrevivir, no todas de la talla de STL, evidentemente. Otras, que tal vez quisiesen venir, apenas tienen sitio para hacerlo. Hace ya mucho que aquí (salvo honrosas excepciones) no se piensa a lo grande. Lo llevamos en los genes, que ninguén nos mova os marcos. Ese leirismo mental es poesía pura.
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