Estudiar en Ourense con 400 euros al mes

Jóvenes universitarios de otros municipios explican como viven de alquiler mientras labran su futuro

¿Cómo sobrevivir al mes con tan sólo 400 euros incluyendo alojamiento, facturas de luz, agua y calefacción, comida, gastos escolares y, por supuesto, diversión en una época de crisis? Ese es el principal reto al que se enfrentan buena parte de los uni versitarios que viven en pisos alquilados en Ourense. Natalia, de Xinzo; Andrea, de Vigo; Lúa, de Ribadavia; Andrea, de Leiro, y Erika, de Cortegada, son sólo algunos de los estudiantes que han convertido la ciudad en su nuevo hogar y relatan su experiencia.

Se dice que en su refrigerador nunca faltan salchichas, huevos, leche o pizzas de microondas. Aseguran que las fiestas en su casa son rutinarias. Se especula con que su principal preocupación es sacar la mejor nota académica con el menor esfuerzo posible. Sin embargo, la vida universitaria está llena de clichés que no siempre son ciertos.

Lo que sí es verdad es que esta etapa estudiantil es un espacio privilegiado para el crecimiento personal, tal como explican algunos estudiantes del Campus, de la Escuela Antón Faílde o de la Universidad Popular, quienes alquilan pisos en la ciudad al ser originarios de otros puntos de Galicia y de la propia procvincia.

Natalia, de Xinzo de Limia, y Andrea, de Vigo, son dos estudiantes de la Facultad de Derecho. Su principal preocupación cuando decidieron empezar su vida universitaria en la ciudad fue encontrar un piso decente y económico y si era con calefacción, mejor. En la actualidad viven muy cerca del Campus, en un piso de tres habitaciones en la Avenida Buenos Aires, pagando un alquiler de 410 euros. Pero están buscando un nuevo compañero de piso pues, según explica Natalia, ‘pagar un alquiler de más de 400 euros para dos personas es un poco excesivo’. Su presupuesto mensual, que proviene del bolsillo de sus padres y de los trabajos de media jornada que tienen en verano, no supera los 400 euros, y con ello deben cubrir no sólo el pago del alquiler, sino también la comida, los gastos académicos, transportes y las salidas nocturnas, que nunca faltan.

Para Natalia, lo más complicado de vivir sola no es la ‘morriña’ que siente por el hogar familiar en Xinzo, sino poder combinar las exigencias de la labor académica con el hábito de la limpieza en el hogar. En cuanto a la calidad de vida que tienen en Ourense ellas se sienten satisfechas, pues en palabras de Natalia, Ourense es una ciudad pequeña que, ‘a pesar de no ser conocida por su carácter universitario, ofrece los servicios que un estudiante pudiese necesitar’. Natalia y Andrea se congratulan, además, de llevar una dieta equilibrada a pesar de no estar en la casa familiar, lo cual se comprueba al abrir su nevera donde no faltan pollo, pescado y verduras, por lo que la dieta del pan y la salchicha queda descartada.

Andrea, de Leiro; Lúa, de Ribadavia, y Erika, de Cortegada, son otras tres chicas que viven de alquiler en la ciudad, y estudian la diplomatura de Educación Social. Viven en O Vinteún y pagan 320 euros de alquiler con comunidad incluida, más otros 100 euros mensuales de luz y agua. Hasta el año pasado, ellas vivían junto al Parque de San Lázaro pero el encarecimiento de los precios de alquiler en esa zona, que llegan a superar los 500 euros, les obligó a buscar algo más accesible, ‘aunque estuviera lejos y gastemos algo más en autobús’. En cuanto a las tradicionales fiestas en casa, Andrea relata que sólo una vez han tenido problemas con los vecinos, ‘pues parece que hacíamos demasiado ruido y se chivaron al casero’, por lo que ahora prefieren dejar la diversión nocturna para los jueves, ya que el viernes no hay clases y los fines de semana regresan a sus pueblos y villas de origen.

La queja de los arrendatarios: no pagan los últimos recibos

Una de las preocupaciones de los arrendatarios que alquilan sus pisos a los estudiantes en la ciudad es la situación en la que dejan los pisos una vez que terminan sus respectivos contratos.

Sin embargo, según confirman algunas agencias de la ciudad, como la inmobiliaria Galven, ubicada en la calle Progreso, ‘nos hemos sorprendido en los últimos años de la cantidad de estudiantes que abandonan el piso tras haberlo alquilado, generalmente por nueve meses, sin pagar las últimas facturas de agua y luz, por lo que los dueños acuden a nosotros para que localicemos a los universitarios y les exijamos el pago’.

Según los datos proporciona dos por las inmobiliarias, las zonas más buscadas por los jóvenes para alquilar en la ciudad son As Lagoas, San Francisco, el Posío, A Cuña y Mariñamansa, mientras que el presupuesto medio que tienen para el alquiler de un piso ronda los 300 euros mensuales, entre dos o tres personas. Otra característica en la que hacen especial hincapié los universitarios antes de alquilar, es la de que el piso esté dado de alta en la Consellería de Vivienda, pues sin este requisito, los estudiantes no pueden optar a la ayuda estatal de emancipación, que otorga 210 euros mensuales al titular del contrato de alquiler hasta que éste cumpla 30 años.

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