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CRÓNICA
La hostelería comenzó a recuperar clientes tras el cierre a causa del estado de alarma para evitar la propagación del coronavirus. La afluencia se notaba ayer perfectamente en los bares de carretera, sobre todo en las estaciones de servicio cercanas a la autovía A-52 (Benavente-Porriño). La autorización de los desplazamientos por carretera entre las cuatro provincias gallegas no llegó a llenar restaurantes y terrazas pero los hosteleros ya se mostraban satisfechos. "Se nota mucho más movimiento de clientela, nada que ver con lo que teníamos y vivimos en los últimos meses", afirma el gerente del área de servicio Quintiáns (A Cañiza), Eloy Macía.
Este negocio está a caballo entre las provincias de Ourense y Pontevedra y es punto de referencia para los conductores a la hora de reponer fuerzas. Ayer los fogones de la cocina ya estaban funcionado a pleno rendimiento mientras varios clientes solicitaban mesa para comer. "Ya comenzamos a trabajar y esperemos que esto vaya a más aprovechando el verano", añadió el hostelero.
El movimiento de conductores también se apreciaba en la gasolinera, dado que varios esperaban a pagar el combustible que habían repostado. "Hasta ahora un agua y un café, que los clientes debían tomar fuera. Ese era todo el trabajo del día", afirmaba uno de los empleados mientras atendía a un cliente en la barra, en la que ya había expuesto tortillas de patata, empanadas y el típico jamón, entre otros productos.
En el aparcamiento se apreciaban cada vez más turismos, pero lo que había eran camiones cargados con todo tipo de mercancías. "Hasta el momento, no se veía ni un solo turismo. Hoy se nota que ya se pude circular entre provincias. Hay mucho más tránsito en la autovía. Hasta ahora solo eran camiones y furgones", asegura uno de los transportistas, Alberto Fernández, al tiempo que puntualiza que estaba haciendo tiempo para continuar el viaje hasta la capital de España. "Ahora, al menos, ya hay un lugar donde comer y poder pasar el rato. Antes comías de bocadillo y en el camión", añadía.
Continuando el viaje por la autovía A-52, en dirección A Gudiña, aparece la estación de servicio y el restaurante O Camiño, donde varios clientes esperaban en sus coches para acceder al interior. "Se nota mucho más trasiego de conductores que en las últimas semanas", apuntaron en el negocio.
Rebasando el casco urbano de la ciudad, los trabajadores del área de servicio Miravalle se afanaban en colocar manteles sobre las meses -todas separadas por más de dos metros- para recibir a los clientes. Sobre la barra y entre las cintas que recomiendan guardar distancia, ya se apreciaban los distintos menús que ofrece el negocio, además de bocadillos fríos y clientes. "Durante el mes de marzo y abril estuvimos prácticamente cerrados. Ahora ya se nota más afluencia de clientes y a ver si recuperamos la normalidad", afirmaba uno de los operarios.
En dirección a Verín y a Gudiña el movimiento de conductores disminuía, según fuentes de Tráfico, que atribuían esta situación a la prohibición de los desplazamientos que no están justificados entre Galicia y Castilla-León. "Hay más mucho más trafico en el tramo entre Ourense y Pontevedra, además de la autovía de Santiago y las carreteras N-120 y N-525", afirmaron fuentes del Instituto Armado.
Aún así, en la estación de servicio Antela (Xinzo) el personal se preparaba sobre las once de la mañana para recibir a los clientes, tanto en la cafetería como en el comedor. "Ya atendimos alguna familia que se notaba que estaba desplazándose para reunirse con algún familiar en otra zona", afirmaba una de las trabajadoras.
Vendedores ambulantes
Bares y restaurantes no fueron los únicos que comenzaron a recuperar los clientes una vez autorizados los desplazamientos entre las cuatro provincias. En la A-52, a su paso por la provincia, cuatro vendedores ambulantes ofrecían ayer a los conductores todo tipo de frutas. "No hay tantos clientes como el año pasado por estas fechas, pero se nota mucho más movimiento que en las dos últimas semanas", aseguraba uno de los vendedores, puntualizando que durante las semanas del confinamiento llegó a pasar días enteros sin vender ni un kilo de fruta. "No había nadie en la carretera, era un aburrimiento porque no sabías en qué pasar el tiempo, en qué entretenerte. Además, hacía frío", recuerda.
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