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ÁLBUM DE VERANO
Son muchos los cambios que la sociedad actual nos exige que hagamos, algunos los llevamos con gusto -avances en la ciencia, medicina y demás-, otros, sin embargo, se nos hacen cuesta arriba, y otros, mejor no digo nada.
En el grupo de los que se nos hacen cuesta arriba, o al menos para mí, están la pérdida de aquellas tiendas de barrio donde encontrabas de todo y si hacía falta podías comprar incluso sin dinero. Cierto es que era un trabajo duro, donde los horarios no se terminaban nunca y los beneficios eran menos de los que muchos pensaban, pero... Yo aún recuerdo unos cuantos y la inmensa mayoría, ahora que lo pienso, eran negocios familiares, donde era raro encontrar empleados; padres, hijos e incluso nietos se encargaban de dar el servicio.
Y el caso es que ni siquiera cuando cerrabas podías descansar, tu clientela sabía donde vivías y casi siempre lo que necesitaban era imprescindible y no podía esperar, así que: timbrazo o grito desde el portal, y a despachar 150 gramos de chorizo Revilla.
¡Anda! A ver si se convirtieron en tiendas 24 horas. No, creo que no es el mismo concepto.
Aquí os dejo la fotografía de una de aquellas entrañables tiendas, estaba en la calle Ervedelo y era de la madre de Charo, una buena amiga, que aparece en la fotografía en medio de sus padres. Ellos eran quienes llevaban ese “súper”. Charo, cuando se hizo cargo del local, lo transformó en una zapatería, ¡tampoco era mal negocio!.
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