El pimiento de Seixalbo escapa de la extinción gracias al cultivo de vecinos

FUE UN PILAR DE LA PARROQUIA

En el pasado era, con el vino, el principal recurso de esta parroquia: llegaban a cargarse camiones para Lugo y A Coruña

Higinio Novoa Santás, delante de su pequeña plantación de pimientos de Seixalbo. (Foto: Francisco J. Gil)
Higinio Novoa Santás, delante de su pequeña plantación de pimientos de Seixalbo. (Foto: Francisco J. Gil)
Los pimientos de Seixalbo tenían una importante demanda en A Coruña, Santiago y Lugo. Hasta no hace mucho llegaban al País Vasco: en Vitoria los comercializaba la tienda “O Carallo” de productos gallegos.Conocidos coloquialmente como “polos de Seixalbo”, presentan una forma acampanada, de piel lisa, con un verde intenso ligeramente claro. Solo los consumen los vecinos, ni siquiera pueden encontrarse en el rianxo.La venta a cientos también era común en el pimiento de Punxín, con una producción ahora extinguida al igual que el Ourense verde, natural de las huertas del término municipal de la ciudad.

Ya no se encuentran a la venta ni siquiera en el rianxo de la plaza de Ourense. Los pimientos de Seixalbo han desaparecido del mercado. La buena noticia es que los vecinos siguen cultivándolos para autoconsumo, lo que permite que escapen del peligro de extinción en el que se han visto otras variedades autóctonas como el Ourense verde, natural de las huertas del término municipal de la capital, y el de Punxín.

Durante décadas fue uno de los principales recursos económicos de los vecinos de Seixalbo. Los camiones de compradores llegaban a la plaza del pueblo y compraban por cientos los pimientos cultivados en las huertas de esta pequeña parroquia de seis kilómetros cuadrados. Xosé Carballido, miembro de la directiva de la Asociación Veciñal San Breixo de Seixalbo, nos recuerda que el éxito de estos pimientos, conocidos coloquialmente como “polos de Seixalbo”, no solo se debía al reconocido mimo con el que trabajaban la tierra los agricultores de esta localidad. También por las cualidades de esta hortaliza, autóctona de Seixalbo. De forma acampanada, piel lisa de un verde intenso y ligeramente claro, carnoso, sabor dulce y un tamaño medio grande: siete unidades hacen un kilo, aunque, lo tradicional no era venderlos al peso sino por cientos. “Cuando no se llegaba al ciento se medía en manos. Cuatro pimientos eran una mano y 25 manos un ciento”, nos recuerda Higinio Novoa Santás, directivo también de la asociación veciñal San Breixo que todavía cultiva en su huerta pimiento autóctono de Seixalbo para consumo propio. “Recuerdo cuando era niño que llegaban los camiones al atardecer y se llevaban los pimientos. La mayoría iban para Lugo, Santiago y algo para A Coruña”, cuenta Higinio Novoa.

La época de los camiones cargados con cientos y cientos de pimientos hace tiempo que pasó. Sin embargo, hasta no hace mucho todavía se podían comprar los “polos de Seixalbo” en el rianxo de la plaza de abastos de Ourense. Incluso llegaban al País Vasco, donde una tienda de Vitoria especializada en productos gallegos llamada “O Carallo” los anunciaba en su Facebook cuando los tenían a disposición de sus clientes. Hoy resulta prácticamente imposible comprarlos incluso en Ourense. “Todavía hay cultivo local pero solo para autoconsumo”, señala Xosé Carballido, quien cree poco probable que cambien las tornas porque no hay quien trabaje el campo salvo para atender sus propias necesidades.

Los diferentes tipos de pimientos.
Los diferentes tipos de pimientos.

Higinio cuenta con una huerta muy variada en la que destina una parcela exclusivamente a los “polos de Seixalbo”. Cada año escoge los mejores pimientos para seleccionar sus semillas y así plantar la temporada siguiente. Las primeras semillas que plantó se las había dado una tía. “No queremos que desaparezcan estos pimientos que son tan nuestros”, afirma.

La venta a cientos también era común en el pimiento de Punxín. El alcalde de este municipio, Manuel Vázquez, recuerda cuando las mujeres del pueblo iban al rianxo de la plaza de O Carballiño a vender sus pimientos, verde pálido de 90 gramos la unidad. También salía para ciudades como A Coruña y Santiago desde Barbantes. “La venta de los pimientos dejaba mucho dinero en las casas y era un complemento importante en la economía familiar. Lamentablemente hoy ya no se encuentra a la venta, ni a nadie que lo cultive ni siquiera para consumo propios, al menos que yo sepa”, explica Vázquez. La misma suerte corrió el Ourense verde, el más anónimo de los pimientos ourensanos, tal vez por su similitud en forma y tamaño con el denominado genéricamente como “pemento do país”.

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