La soledad de Jácome bloquea aun más una ciudad atascada

Análisis

Renunciar al presupuesto, varias polémicas y réditos escasos marcan medio año de microgobierno

Publicado: 14 mar 2021 - 05:11 Actualizado: 14 mar 2021 - 16:46
Jácome, a las puertas del despacho de Alcaldía en la casa consistorial (MIGUEL ÁNGEL).
Jácome, a las puertas del despacho de Alcaldía en la casa consistorial (MIGUEL ÁNGEL).

La ciudad de Ourense cumple estos días medio año con un microgobierno al frente, consecuencia de los divorcios en el seno de Democracia Ourensana y, a renglón seguido, de este partido con el PP. El alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, no barajó en ningún momento echarse a un lado y se aferró al bastón de mando con el único apoyo de su número dos, Armando Ojea, y poco después, de Telmo Ucha, que se integró primero en el gobierno como no adscrito y después se pasó a DO.

Al ser imposible el encaje de una moción de censura por las diferencias entre PSOE y PP, Jácome sobrevive en la Alcaldía y deja un medio año que permite intuir cómo será lo que resta de mandato, con escasos réditos de los que presumir y con las evidentes carencias que la ciudad arrastra todavía más visibles, al romperse una mayoría plenaria que, con sus más y sus menos, era garantía para desbloquear por la vía rápida proyectos atascados desde hace años. Las continuas polémicas en las que se ha visto envuelto el regidor tampoco ayudan a generar un clima propicio para apuntalar esos temas trascendentales.

Efectos

Una de las consecuencias más visibles de la debilidad de Jácome es que ni siquiera ha hecho el amago de intentar aprobar los presupuestos de 2021, renunciando a actualizar unas cuentas y adaptarlas así al escenario sanitario, dado que las anteriores vieron la luz a principios de 2020, todavía sin la pandemia. El alcalde, que tiene en sus manos una herramienta como la moción de confianza por si no encuentra el respaldo de la oposición, ni ha elaborado un borrador para tender puentes con el resto de grupos.

Esas conversaciones sí se han producido sobre otros temas, como el Plan Xeral de Ordenación Municipal, pero si ya su aprobación no resultaba sencilla cuando el bipartito DO-PP funcionaba, ahora parece una quimera poner orden en el urbanismo ourensano tras más de una década patas arriba.

En materia de obras e inversión pública, los trabajos realizados por el Concello se limitan a actuaciones menores en calles y aceras, tramitadas la mayoría antes de la crisis de gobierno. Las licitaciones aprobadas para desbloquear los proyectos de mayor cuantía no terminaron el recorrido administrativo antes del cierre del año, por lo que están en el limbo hasta que se puedan reincorporar los fondos del remanente al presupuesto.

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Pese a quedarse sin el respaldo de la mayoría de la Corporación, Jácome no ha cambiado su forma de proceder, acostumbrándose a lanzar periódicamente promesas grandilocuentes como la construcción de un macroparque en A Ponte o el soterramiento del tráfico en la praza de Concepción Arenal, así como su intención de adquirir tanto edificios para oficinas como un solar en As Lagoas para una nueva sede administrativa. Se olvida el regidor de que sin el apoyo del pleno, que le tiene que aprobar las modificaciones de crédito, esas iniciativas son solo castillos en el aire.

Hechos

En el apartado de logros, Jácome puede presumir de haber encendido la iluminación navideña más cara de la historia, aunque con un notable retraso respecto a sus previsiones iniciales, lo que no le ha impedido renovarle unilateralmente el contrato a la empresa para las próximas fiestas. También ha visto la luz una instrucción para regular la instalación de terrazas hosteleras mientras no haya una ordenanza que está ahora en negociación. En los plenos, el bagaje se reduce a la aprobación de varios convenios con la Confederación Hidrográfica Miño-Sil para sanear Velle o prolongar la senda de Outariz y validar definitivamente el reglamento del transporte urbano que dejó en bandeja el exedil de Infraestructuras Miguel Caride.

No ha corrido la misma suerte la programación cultural, con un Auditorio vaciado de contenido y sin visos de que lo recupere a corto plazo. La gestión del gobierno de Jácome deja también a la ciudad sin subvenciones como las de la reforma Plaza de Abastos o el proyecto de turismo con Red.es. "Queremos perderla", dijo el alcalde, un buen ejemplo de este medio año.

Guerra sin cuartel con los críticos y nuevos enredos con la Justicia

Desde que a finales de agosto fuesen trascendiendo las dudas de la mayoría de sus concejales respecto a la gestión económica en DO, Gonzalo Pérez Jácome ha emprendido una guerra sin cuartel contra esos ediles, a los que expulsó del partido tildándoles de tránsfugas. Poco después, sin embargo, fue obligado a recular con el auto judicial que le obligaba a reincorporarlos de manera cautelar hasta que haya un veredicto firme sobre la validez de esa decisión.

No es la única aventura judicial en la que está Jácome, que salió sin daños de la primera denuncia de uno de sus exasesores por las supuestas donaciones forzosas, pero que ve ahora como está pendiente de análisis el recurso sobre esta cuestión, que pretende que se estudie el destino final de ese dinero, con sospechas del denunciante de que puede haber algún tipo de delito.

El alcalde ourensano ha sido también denunciado ante la Fiscalía por su decisión de bajar los bolardos del Casco Vello. La fiscal jefe, Eva Regueiro, ha recabado documentación durante más de medio año y debe decidir si le presenta una querella o archiva el caso.

Pendiente está también el recorrido que puedan tener las presiones de Jácome para forzar dimisiones de los críticos a cambio de facilitar un puesto de trabajo, tema revelado por La Región. Una polémica más del regidor.

El PP, con la llave del cambio, se niega a entregársela al socialista Villarino

Una vez que estalló la crisis en DO, el PP aprovechó para suspender el pacto, argumentando en un primer momento que era una decisión temporal. Eso no le impidió votar poco después junto al resto de la oposición (24 ediles) para exigir la dimisión como alcalde de Gonzalo Pérez Jácome.

Cuando lo temporal se convirtió en permanente comenzaron una serie de conversaciones cruzadas entre los grupos para explorar una posible moción de censura en la que, sí o sí, se precisa de los votos de PSOE y PP.

Los populares, que hicieron a Jácome alcalde en 2019, tienen la llave del posible cambio pero se niegan a utilizarla. El motivo es que no confían en el portavoz del PSOE, Rafael Rodríguez Villarino, al que le han dicho por activa y por pasiva que nunca le harán alcalde. Le exigen que dé un paso al lado para negociar con otro socialista.

Villarino se niega y se reivindica como ganador de las elecciones, no contemplando ni por asombro dimitir, lo que conduce a cualquier alternativa al bloqueo y a despejar el camino a Jácome para que siga, bajo mínimos, hasta 2023.

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