Galería | Arturo Baltar y las benditas ánimas del purgatorio
UNA VIDA DE COLECCIÓN III
Esta colección de petos de ánimas consta de 33 piezas y fue obra del escultor orensano Arturo Baltar a lo largo de varios años adquiriéndolas en el medio rural, muchas veces a los párrocos, en la provincia y el norte de Portugal
“Las colecciones son inestimables porque se trata de piezas que no suelen tener cabida en los museos, mas preocupados, naturalmente, por las grandes obras de arte. Si nadie coleccionase estas muestras de la artesanía popular, que poseen indudables méritos artísticos, se perderían pronto”
Eran tiempos en los que los anticuarios gallegos se especializaban en objetos religiosos desechando todo lo que fuera mas allá del siglo XIX. Observando la obra escultórica de Baltar (la más popular, su belén navideño) se entiende que el artista sintiera predilección por estos objetos, siempre en madera, a veces policromada, bajorrelieves, con expresión ingenua y popular como sus obras.
Los petos de ánimas estaban pensados para permanecer en el interior de las iglesias destinados a recoger limosnas que se empleaban en celebrar misas por las “benditas ánimas del Purgatorio”, (ignoro porqué se las considera benditas), con la intención de que acabase pronto su tortura de sobrevivir entre llamas y sufrimiento para purgar sus pecados. Estos petos llamados “de mano” para distinguirlos de los hechos en piedra situados en los cruces de caminos, son de pequeño tamaño, tienen un asa en la parte de atrás que facilita pasarlos ante los fieles para que depositen su limosna y forman parte del culto a la muerte tan próximo a los gallegos. Siempre son en madera (los hay en plata en Las Ermitas, la Capilla del Santo Cristo y Los Milagros) se supone que aprovechando la más abundante en el entorno del artesano. En casi todos, los pecadores viven entre llamas de color rojo. La presencia en algunos de curas, reyes, papas y obispos aporta un toque de crítica hacia estos personajes que, por lo que se ve, también tienen que purgar sus pecados. Sobre esta colección escribió el canónigo y archivero de la Catedral, Miguel Ángel González: “La colección ofrece una lección de sencilla poesía y belleza ingenua llena de verdad. Todo un capítulo de nostalgias y evocaciones”. Según González los mejores petos de ánimas se encuentran en Quintela de Leirado y en el Museo Diocesano de Ourense.
Un almacén con mucho arte
Bastantes años antes de morir, Baltar vendió su colección a la entonces Caja de Ahorros Provincial de Ourense quien los expone por primera y última vez a los orensanos en 1997 formando parte de su fondo de arte. Al ser absorbida ésta, primero por Caja Vigo y posteriormente por Caixa Galicia, acabó siendo propiedad de la “Fundación la Caixa”. En la actualidad se conserva amontonada en un enorme almacén de la ciudad de Pontevedra compartiendo espacio con numerosas obras de arte, entre ellas varias de antigua propiedad de la entidad ourensana.
El coleccionista
De Arturo Baltar Castro de Noalla 1924- 2017) puede escribirse y se ha escrito mucho, de su numerosa obra de escultor y pintor y de su vida de personaje singularísimo, que es lo que se suele decir con gentes difíciles de clasificar como es su caso. En dos entrevistas publicadas en La Región en los años sesenta se definía asimismo como: “irónico, triste, pesimista. Fui un niño preocupado, cuyo juego preferido era organizar procesiones, ser monaguillo, apagando y encendiendo velas y cantando gregoriano”. No sé si llegó a cantar gregoriano pero sí que actuó como aficionado en cabarets por el sur del país. Baltar, gran aficionado a las grandes caminatas, fue coleccionista de piezas populares como candiles, múltiples cacharros y la colección de petos de ánimas que hoy nos ocupa.
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