Inés Sotelo: “Es el verano de mi vida”

DOBLE MEDALLISTA

La ourensana, Inés Sotelo, medallista mundial y campeona de Europa en menos de un mes, descansa en casa antes de regresar a la NCAA estadounidense

Inés Sotelo Míguez, de pie ante sus compañeras, durante el Eurobasket sub-20.
Inés Sotelo Míguez, de pie ante sus compañeras, durante el Eurobasket sub-20.

El prototipo de verano ideal “made in” Hollywood incluye sol, playa, terrazas y risas con los amigos. El de Inés Sotelo Míguez (Ourense, 2026) suena más a parquet, balones, compañeras y medallas. En plural. Una mundial de bronce con España sub-19 y una europea de oro con la sub-20, ambas en menos de un mes. “Es el verano de mi vida. Nunca había tenido, y probablemente nunca tendré, otro con dos medallas internacionales”, apunta. Lo hace tras llegar a su casa (“por fin”) procedente de Matosinhos, en Portugal, lugar elegido para la conquista de Europa por parte de la selección española.

En el 1,91 de Sotelo, la felicidad aún puede con el cansancio. “He batido mi récord de minutos sonriendo. Y eso que soy seria”, admite. El Eurobasket está reciente, pero sus efectos secundarios tardarán en pasar. “Ya voy asentando todo un poco más. El domingo casi ni me lo creía. Me da la sensación de que ha pasado un montón de tiempo y fue hace nada. Afrontamos el Eurobasket muy seguras, convencidas de que podíamos lograrlo, pusiera quién se pusiera por delante. La derrota contra Bélgica en la fase de grupos la vi más como un empujón para seguir adelante, para motivarnos más. Y teníamos una teoría. Siempre perdíamos un partido en los torneos y resultaba ser la final. Así que mira, perdimos antes, ya no nos tocaba perder más (ríe). Y así fue. De esa derrota aprendimos un montón, más que la victoria en los dos partidos anteriores. Nos recordó que no hay nada regalado”, recuerda la ourensana.

Porque, salvo ese tropiezo, el resto fueron alegrías. Y contundentes. La final ante Lituania terminó 50-102. Casi nada. “En la final estábamos convencidas, con humildad, de que podíamos ganar. Respetando al rival. Nadie iba confiada. Todas estábamos muy metidas. Y pudimos saborear la victoria. Cuando acabó el tercer cuarto e íbamos 43 puntos arriba, decíamos en el banquillo ‘esto ya está’. Teníamos el oro”, afirma aún con restos de emoción en la voz.

La emoción

Porque Sotelo, tres semanas antes, estaba en otro podio. Uno de categoría mundial, literalmente. El bronce conseguido en la Copa del Mundo sub-19 ante Canadá “in extremis” le sigue removiendo. “La medalla del Mundial fue... la bomba. Aún recuerdo el momento de ganar ese último partido. Ha sido el que más me ha emocionado en mi vida. Un Mundial tiene un nivelazo. Quizá desde fuera la gente no tenía tanta confianza en nosotras, pero desde dentro creíamos que podíamos hacerlo. Jugadoras y técnicos confiábamos 100%. Y eso se notó en la pista. Sabíamos que se podía llegar lejos. Contra Estados Unidos, en semifinales, nos quedamos a solo 12 puntos”.

Estados Unidos. País que ya está en su cuerpo y en su mente. Sotelo cerró su primera temporada en la NCAA defendiendo los colores de Michigan State, uno de los más prestigiosos programas deportivos. “Ha sido un año genial, tanto a nivel de baloncesto como fuera de la pista. Las compañeras han sido majísimas, me integraron muy bien. He tenido una suerte tremenda con las compañeras y los entrenadores. Viven el deporte como una locura, como lo vemos aquí en documentales. Animadoras, bandas de música, gradas llenas... Los mejores partidos que he jugado han sido allí, con diferencia. Noto que he mejorado mucho a nivel físico y en el aspecto individual. Obviamente, me tira estar en casa, pero también tengo ganas de volver allí”.

Le quedan 10 días para coger el avión y poner rumbo al mismo destino. “Decidí seguir con Michigan State porque siento que allí ya tengo mi lugar, mi sitio. Y estoy muy cómoda con su forma de jugar que, dentro de lo que cabe, es bastante europea”, explica la ourensana.

Tiene hasta el 21 de agosto para descansar, ver a su familia de Ourense y de Cantabria “y cargar las pilas”. Necesario y merecido. Los siguientes retos aparecen en el horizonte. Inés Sotelo ya ha conseguido unas cuantas cosas, pero trabaja en lograr más. Los veranos en la playa pueden esperar. Ya habrá tiempo.

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