Diluvio de comadres en la noche del Casco Vello de Ourense

XOVES DE COMADRES

Cenas multitudinarias y fiesta en la calle, a pesar de la lluvia nocturna, en el Xoves de Comadres en el Casco Vello de Ourense

Listas para los mejores bailes en la noche de Comadres.
Listas para los mejores bailes en la noche de Comadres. | Martiño Pinal

El Xoves de Comadres volvió a confirmar que los ourensanos tenían ganas de fiesta. El Casco Vello se convirtió en escenario improvisado donde la autoridad, por una noche, fue exclusivamente femenina. Antes de los primeros bailes, el inicio del Entroido se libró en los manteles. Conseguir mesa ayer en la ciudad era, literalmente, misión imposible. La hostelería colgó el cartel de completo en una jornada que rozó la histeria logística por las cenas de comadres..

El Liceo de Ourense se erigió, una vez más, en el bastión de la tradición más purista. Su salón noble se transformó en un búnker festivo acogiendo a 300 mujeres -completando el aforo máximo permitido- en una cena donde el acceso a los hombres estaba vetado. El éxito de convocatoria fue tal que la lista de espera se quedó con casi el mismo número de personas fuera, incapaces de acceder a la cita más codiciada de la noche. Pero no fue una excepción: clásicos de la gastronomía local como el San Miguel y otros locales de referencia operaron al límite de su capacidad, con reservas cerradas desde hacía semanas para grupos de comadres que convirtieron la cena en el primer acto de una rebeldía festiva que ya no se detendrá durante días.

Ya entrada la noche, esa energía se derramó sobre las calles del casco histórico, en unha lucha constante contra la lluvia. Las charangas Felga y Caliqueños fueron literalmente engullidas por los grupos que bajaban en peregrinación hacia la zona de los vinos, convirtiendo el tránsito entre bares en una fiesta itinerantem en una noche en la que la lluvia, desgraciadamente, volvió a ganar protagonismo y a apretar con fuerza, sobre todo a partir de la medianoche.

Dos ambientes

Sin embargo, el agua no apagó la música. La fiesta se movió en dos ambientes generacionales. Por un lado, la Plaza de Santa Eufemia se convirtió en una cápsula del tiempo gracias a la “Sesión 80’s” de los DJ Pancho y DJ Gonzalo, que tocaron la fibra sensible de los asistentes, demostrando en un punto de encuentro intergeneracional que los clásicos nunca mueren.

A pocos metros, la Praza Maior ofrecía el refugio más cotizado. Bajo una inmensa carpa que protegió a la multitud de la lluvia, la sesión de A Gramola se unió al fenómeno de Leticia Sabater para arrancar con el desmadre más juvenil y desenfadado. Fue el epicentro del terremoto festivo, donde los estribillos virales y el ritmo comercial mantuvieron la temperatura alta pese al frío.

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