Las hormigas sobrevuelan la Picota en Laza

ENTROIDO DE LAZA

El día más icónico del Entroido de Laza, el “Luns Borralleiro”, cumplió con su tradicional catarsis colectiva. Si por la mañana se lanzaron trapos de barro a cascoporro, por la tarde fue el turno de arrojar insectos rabiosos y previamente enfurecidos.

Galería | Laza inicia su Lunes Borralleiro de Entroido con la tradicional Farrapada
Galería | Laza inicia su Lunes Borralleiro de Entroido con la tradicional Farrapada | Iago Cortón

La pulcritud, elegancia y templanza del domingo, con el estreno del Peliqueiro, dejó paso este lunes en Laza a su jornada más enfebrecida. Un cóctel producto de la mezcla de diversos ingredientes, aparentemente inconexos, que desataron un pandemónium humano de muy divertidas proporciones.

Lo vivido este lunes fue el resultado de varios rituales paganos ancestrales, cargados de simbolismo, y que marcan la entrada a la primavera e invocan fertilidad para las cosechas. “É un día no que o monte invade a parte urbana dun xeito físico”, afirma la arqueóloga lazana Nieves Amado. De ahí que irrumpan elementos de la tierra como el borrallo (ceniza), el lodo con el que se empapan los farrapos, la harina, los toxos, los cobelleiros (berzas de tallo alto) y las embravecidas hormigas rojas, santo y seña de esta celebración. La Morena, una vaca de madera, simboliza por su parte la fertilidad humana.

Toda esa antigua cosmovisión agroganadera se conjuró en un día nublado y pesado. A media mañana se dirimió la “farrapada”, en la que como suele ocurrir en la vida, cuanto menos te quieres mojar, más te acabas pringando. Vecinos y visitantes se enzarzaron tirándose los trapos, que no los trastos, y compartieron en una Picota teñida de marrón, baños improvisados para limpiarse el barro acumulado.

Tras declararse una tregua, tuvo lugar la “Xitanada dos Burros”, un desfile tan curioso como precioso, en la que los asnos fueron los auténticos protagonistas junto a algunos maragatos. Engalanados para la ocasión, los animales tiraron de carros en los que viajaban jóvenes lazanos, acompañados por vecinos que parodiaron a los antiguos caminantes que atravesaban el valle en dirección a Castilla y León.

El momento estelar arrancó por la tarde, cuando un nutrido grupo acompañó el descenso desde Cimadevila de la Morena junto a un burro. A su llegada a una Praza da Picota a reventar, la marea humana entró en éxtasis en cuanto empezaron a llover las hormigas, enrabietadas previamente a base de vinagre, y mezcladas con tierra. Por si fuera poco, los insectos se aderezaron con la aparición de los mencionados toxos y cobelleiros, así como la harina que se cernía directamente sobre la marabunta propulsada por las sopladoras.

En el fragor de la batalla, a la que se alistaron centenares de osados de toda clase, nadie se dio por satisfecho, por lo que reclamaron más y más dosis de locura saltando y gritando al unísono, reecurriendo a un cántico ya mítico: “Que bote, que bote, que bote A Picota!” El júbilo se incrementó también cada vez que una gigante hormiga roja atravesaba a la multitud.

Tras la tempestad, llegó la calma. El apaciguamiento se maridó mejor con xastré, el licor local, y con un buen trozo de cabeza de cerdo cocida, la deliciosa cachucha, que se repartió entre todos los asistentes en la plaza, tal y como ocurrió con la bica el domingo.

A continuación, los Festicultores Troupe pusieron a todo el mundo a bailar hasta la verbena nocturna. Laza vivirá hoy su penúltimo día de Entroido, y seguro que más de uno habrá amanecido sintiendo todavía un ligero hormigueo.

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