Rosa María Rodríguez Taboadela: Sal de la tierra y luz del mundo
OBITUARIO
Una vida dedicada a Dios, la enseñanza y el servicio, dejando huella en Ourense y más allá
Amigos y amigas: Rosa María acaba de fallecer con 104 años, el día 7 de este mes. Siempre tuvo presente lo que San Pablo escribió a los primeros cristianos de Corinto: “Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado”. Rosa María Rodríguez Taboadela nunca se preció de saber cosa alguna, aunque era una mujer culta y estudiada, sino a Jesucristo, a María Auxiliadora, a Don Bosco y a Madre María Mazzarello. Con esa actitud y con esas devociones fue, para quienes la tratamos, sal de la tierra y luz del mundo.
Os ofrezco los principales hitos de su vida. La mañana del 15 de diciembre de 1921, en San Ginés de Paderne “el sol, con lanza luminosa, rompía la noche y abría el día, y bajo su alegre travesía” Rosa María daba calor a aquella casa y a aquel pueblo, recién aparecida. Y ese candor de niña lo propagó hasta Bustavalle, Zorelle y Maceda. En estos pueblos con Rosa y Nicanor, sus padres, ya rezaba entonces: “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”, desde San Ginés a Esgos y desde O Pinto a Maceda.
En 1934 sus padres la llevaron a Salamanca a estudiar con las Salesianas. Tenía 13 años y, como iba muy bien preparada (su padre era, de vocación y profesión, maestro) en 5 años superó los 7 cursos del Bachillerato de entonces. Terminada la Guerra Civil, hizo el noviciado en la ciudad condal, para ser salesiana.
En 1942 ingresa en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Barcelona, finalizando la carrera en 1947. Este año es destinada a Valencia para organizar el Bachillerato en el Colegio María Auxiliadora durante el curso 1947-48. Hoy, dicho Centro es un Colegio de prestigio y con un gran número de alumnos.
De 1949 a 1962 desempeña el cargo de jefa de estudios en el Colegio de las Salesianas de Barcelona, Calle Sepúlveda, con 1.500 alumnas desde los 3 a los 18 años. De 1962 a 1973, ejerce de directora del Colegio de Huérfanas de Ferroviarios de Alicante, con 500 alumnas internas, de 12 a 18 años. De 1973 a 1975, da clases de Química y Física en la Escuela Profesional de Barcelona-Montbau. De 1975 a 1977, imparte clases de las mismas asignaturas en la Escuela de Magisterio que tienen las salesianas en Madrid y colabora también como A.T.S. Por problemas de familia, se vino a Ourense para acompañar a la misma. De 1977 a 1991 trabaja como enfermera en la Residencia Sanitaria de la S.S. de Ourense, actual CHUO.
Durante estos fértiles años, Rosa María lee, piensa y escucha; anda, medita y viaja; vibra, respira y mira al cielo, y a sus gentes y a su pueblo. “Viste el dolor de plegaria”. “Guarda memoria a sus muertos, gasta en los vivos su tiempo”. Durante toda su vida laboral, “puso en Dios su esperanza; sirvió, consoló, dio fuerzas, y guardó para sí sus penas”. Durante su vida laboral y durante su vida de jubilada quiso ser sal de la tierra y luz del mundo, para su familia, sus amistades y para todas las personas que la trataron.
Amigas y amigos, Rosa María fue una ourensana andariega, inquieta y disciplinada. Sabía y repetía que “la felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando disfrutamos de lo que tenemos”. Dejó escrito: “Para mi funeral no pongáis esquela, no traigáis flores ni hagáis estampa recordatorio; sí celebrad misas”. Descanse en paz la ourensana disciplinada y buena.
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