Luciana Taft, consultora de AFI: “Tenemos un país que crece mucho, pero la desigualdad está empeorando”
Luciana Taft (Buenos Aires, 1976), consultora económica de AFI (Analistas financieros internacionales), protagoniza el próximo jueves el Foro La Región, Memorial Emilio Ontiveros. En su ponencia, “Entorno macrofinanciero global con foco en la economía española”, analizará el crecimiento nacional, la escasez de productividad y los retos del escenario internacional.
Pregunta. España encadena años creciendo por encima de la media europea, mostrando gran capacidad de resistencia ante crisis como la pandemia o la inflación. ¿Qué hay detrás de este crecimiento y hasta qué punto es sostenible en el tiempo?
Respuesta. Crecemos más que nuestros socios de la zona euro impulsados por el consumo, una renta disponible al alza gracias al buen tono del empleo y el ahorro pospandemia. La inversión pública y los servicios también acompañan. Este año superaremos el 2% de crecimiento. A corto plazo el modelo resiste, pero a medio y largo plazo presenta límites claros: es un avance muy extensivo, basado casi en exclusiva en sumar empleo e inmigración y muy poco en la productividad o el capital. Esto supone una grave vulnerabilidad para el futuro a medio plazo.
P. Me habla de vulnerabilidades como la productividad, el tamaño empresarial o la renta per cápita. ¿Qué aspecto le preocupa más cuando analiza el futuro económico de España?
R. Todo se circunscribe a un problema de productividad y de capital. El avance de España está explicado en gran parte por un crecimiento demográfico y muy poco por la productividad o acumulación de capital. El tejido productivo español tiene una estructura de tamaño bastante similar a otros países europeos como Francia o Italia, con empresas pequeñas, pero fallamos claramente en la productividad. En todos los segmentos empresariales nuestros índices son peores, y ese es nuestro punto débil. Si esto no cambia, a medio y largo plazo veremos que este crecimiento del 2,5% actual se transformará en algo que no superará el 1%.
P. Al margen de lo mencionado, ¿detecta algún riesgo estructural en la economía española que esté menos presente en el debate público de lo que debería?
R. Están en el debate, pero podríamos darles más importancia. La falta de inversión privada es grave; no solo hace falta mejorar la productividad, sino invertir más en capital e intangibles para subirnos a la ola de la inteligencia artificial y en distribución de energía. Las pensiones son un gran hándicap para hacer la transición hacia un modelo sostenible. Y la vivienda, que está muy relacionada con los flujos migratorios. Tenemos un crecimiento que depende de absorber esa inmigración, y con una falta de oferta clara en el mercado inmobiliario lo tendremos muy complicado.
P. Estos buenos datos macroeconómicos no siempre se reflejan en el bienestar ciudadano. ¿Por qué la gente no tiene esa sensación de que lo macro se traslade a su día a día?
R. Es verdad que no lo percibimos del todo en la calle. En métricas de crecimiento bruto, superamos ampliamente a la zona euro. Sin embargo, desde 2019 el PIB español ha crecido un 15%, pero en términos per cápita apenas un 5%. En eso no estamos por encima del resto. Tenemos un país que crece mucho, pero la desigualdad empeora. Hay una transferencia de riqueza y una fuerte vulnerabilidad de las rentas bajas, expuestas a los shocks energéticos. Además, la falta de accesibilidad a la vivienda explica en gran parte este aumento de la desigualdad.
P. Precisamente, con la vivienda parece que vivimos en un bucle difícil de solucionar. ¿Qué impacto tiene esta crisis inmobiliaria en el potencial del país?
R. El diagnóstico es claro y la clase política sabe que falta oferta. A diferencia de la crisis de 2008, en la que hubo exceso de construcción por relajación financiera, ahora sufrimos precios elevados por escasez real. Hay que actuar con políticas públicas para incentivar la oferta. Se forman entre 200.000 y 300.000 hogares al año, pero construimos menos de 100.000 viviendas. Seguimos en un círculo vicioso: si no somos capaces de absorber esa inmigración esencial porque no tenemos vivienda, nuestro crecimiento potencial irremediablemente disminuirá.
P. Sobre los fondos europeos, ¿los estamos aprovechando lo suficiente para transformar el modelo productivo o perdemos la oportunidad de dar ese salto?
R. España ha hecho una transformación importante. Ahora bien, los fondos del programa Next Generation se han aprovechado sobre todo en inversión pública y no se ha visto ese contagio hacia el sector privado. Hemos perdido la oportunidad de movilizar recursos masivos hacia la inversión corporativa. Ahora tenemos el programa del ICO, que es el vehículo con el que España va a intentar impulsar la inversión empresarial. Hace falta dar un empujón fuerte al ámbito privado.
P. La deuda pública sigue elevada y Europa vuelve a exigir disciplina fiscal. ¿Hasta qué punto puede ser la deuda un freno a corto plazo para la economía española?
R. El problema del endeudamiento público es global. Mientras el sector privado se desapalancó muy bien, la deuda pública superó el 100% del PIB en muchos países. Nos comportamos algo mejor reduciendo esa ratio frente a Francia o Alemania, impulsados por el enorme crecimiento nominal. No creo que la deuda limite el crecimiento a corto plazo, pero a medio y largo plazo sí es un problema que estamos pasando a las generaciones futuras.
P. Si tuviera que señalar las principales reformas o decisiones económicas que España no puede seguir posponiendo bajo ningún concepto, ¿cuáles serían?
R. A todos se nos vienen a la cabeza las pensiones; su gasto crece exponencialmente por el envejecimiento poblacional y hay que atajarlo quitando presión al pilar público e involucrando fórmulas privadas. La segunda reforma es la vivienda, que genera una brecha generacional cada vez más grande. Y la tercera, aunque se olvida porque el empleo va bien, es mejorar las políticas activas de empleo. Tenemos un desempleo estructural elevadísimo y mucho margen de mejora en formación, orientación laboral y reducción de fragmentación territorial.
P. Mirando a las próximas décadas en un entorno en el que Estados Unidos y China cada vez apuestan más fuerte, ¿es optimista con España y Europa?
R. Debemos ser optimistas. Hay que adaptarse y asumir que no vamos a competir por el liderazgo en inteligencia artificial; esos ganadores ya están definidos y hay que aprovechar su ola invirtiendo en capital. España ha ganado peso en Europa, demostrando capacidad de gestión y funcionando como puente privilegiado con América Latina. Además, estamos liderando a nivel global la industria de los servicios no turísticos, y esto nos ayuda a tener el sector exterior muy saneado.
P. Participa en el Foro Memorial Emilio Ontiveros. ¿Cuál cree que es el legado principal que dejó para quienes analizan e interpretan hoy la economía?
R. Para los que tuvimos la suerte de trabajar con él, su legado principal es combinar esa curiosidad intelectual con la vocación por entender cambios económicos complejos y explicarlos de forma sencilla. Nos enseñó el rigor analítico necesario para aportar verdadero valor a la sociedad. Y, sobre todo, nos deja el compromiso de mejorar constantemente la divulgación del conocimiento, algo muy latente y fundamental en nuestro trabajo.
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