TRACTORADA EN OURENSE
Los tractores se retiran

Miguel Ángel Aguilar, periodista: "Los políticos actuales viven en un invernadero ajeno a la realidad"

PRÓXIMO INVITADO FORO LA REGIÓN

El periodista Miguel Ángel Aguilar presenta en el Foro La Región su libro "No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco", donde repasa el fin de la dictadura

Miguel Ángel Aguilar, protagonista del próximo Foro La Región.
Miguel Ángel Aguilar, protagonista del próximo Foro La Región.

El periodista Miguel Ángel Aguilar (Madrid, 1943) estará en el Foro La Región el próximo miércoles 11 de febrero para presentar “No había costumbre: Crónica de la muerte de Franco”, una obra que repasa con ironía la falta de hábito de los españoles ante la muerte de un dictador en la cama y la posterior transición democrática.

Pregunta. “No había costumbre” es una frase cargada de su habitual ironía. ¿A qué no estaban acostumbrados los españoles de 1975: a que un dictador muriera en la cama, a la incertidumbre del vacío de poder, o a que la prensa contara lo que pasaba?

Respuesta. A nada. La prensa seguía contando lo que pasaba de manera muy poco inteligible. Era la costumbre de escribir entre líneas para salvar los obstáculos de la censura y la sanción al desobediente. A nosotros no solo nos cerraban; las ediciones eran secuestradas. Le pasó a Triunfo, a Cuadernos para el Diálogo o al Diario Madrid, que lo cerraron definitivamente en 1971. Y, sobre todo, no había costumbre de que un dictador se muriera en la cama. Se había establecido tal mitificación de su persona que la gente pensaba que Franco era inmortal. Pero la erosión de la edad hizo su trabajo.

P. Usted menciona que la gente joven empezó a preguntarse “¿y después de Franco, qué?”. ¿Cuál era la respuesta oficial ante esa incertidumbre?

R. La gente joven que apostaba por sobrevivir a Franco se planteaba esa pregunta. Un dirigente franquista, Jesús Fueyo, contestó: "Después de Franco, las instituciones". Quedaba muy bonito, pero el problema es que el primero que no creía en las instituciones era Franco. Él creía en el caudillaje. Por eso convocó a los excombatientes en el Cerro de Garabitas y dijo aquello de "mientras Dios me dé vida estaré con vosotros". Su idea era que todo quedaría "atado y bien atado" bajo la guardia fiel del Ejército. Para él, la pervivencia del régimen eran las Fuerzas Armadas.

P. Desde dentro de las redacciones, ¿cómo se gestionó esa espera agónica del “hecho biológico”? ¿Había más miedo a dar la noticia antes de tiempo o a lo que vendría después?

R. Es que Franco no tenía jefe de prensa ni director de comunicación. Tenía un taquígrafo, Manuel Lozano Sevilla. Este señor compatibilizaba ese cargo con ser quien hacía las retransmisiones de las corridas de toros en TVE. Era un personaje pintoresco que controlaba el grifo. Además, hay que recordar que las emisoras de radio privadas no tenían informativos propios; estaban obligadas a conectar con el “diario hablado” de Radio Nacional de España. Cuando llegaban las noticias, a las dos de la tarde, todas las emisoras decían: “Conectamos con Radio Nacional”. No había pluralidad informativa real, solo la voz oficial.

P. Menciona el papel del Príncipe Juan Carlos en esos días agónicos de noviembre del 75. ¿Hubo peligro real en la sucesión?

R. Hubo un ensayo general el año anterior, en el 74, con la flebitis de Franco. Entonces se aplicó el artículo 11 de la Ley Orgánica: el Príncipe asumió los poderes de forma provisional. Pero cuando Franco mejoró, el Marqués de Villaverde llamó a Arias Navarro para decirle que el Caudillo había "reasumido" los poderes. Al Príncipe aquello le pareció una tomadura de pelo. Por eso, en el 75, cuando Franco vuelve a caer, Juan Carlos dejó claro que no quería ser provisional otra vez. "Conmigo no se juega", vino a decir. Al final, Franco murió y el Príncipe asumió la Jefatura del Estado porque se volvía a aplicar la ley, pero él sabía que tenía que renunciar a esos poderes absolutos para dar paso a la democracia. Su gran éxito fue cambiar la lealtad de las Fuerzas Armadas: del franquismo a la democracia.

P. Se ha hablado mucho de si la Transición fue modélica o si, con el tiempo, vemos que fue un "maquillaje". ¿Qué opina?

R. No creo que fuera maquillaje. Fue una Transición ejemplar porque se hizo desde la ley, aunque fuera para cambiar la ley. Hubo una sobreactuación necesaria, es cierto, pero el resultado fue real. Se pasó de una dictadura a una democracia homologable. La frase que resume aquello es que "la guerra había terminado, pero la paz no había empezado". Para que empezara la paz hubo que esperar a la Constitución del 78.

P. Usted dedica el libro a sus nietos. ¿Cree que las nuevas generaciones valoran esas libertades o las dan por garantizadas?

R. Hay un principio que dice que "solo se aprecia aquello de lo que se ha carecido". Los jóvenes dan por hecho la libertad y la democracia, como si fueran el paisaje natural. Pero no se dan cuenta de lo que costó conseguirlas ni de que están sometidas a un proceso de erosión. Si nos descuidamos, se pierden. Conviene afanarse en mantenerlas vigentes, porque el deterioro puede ser muy rápido.

P. Hoy vemos una polarización extrema en el Congreso. ¿Le preocupa este tono bronco comparado con el de entonces?

R. La situación actual es objetivamente muchísimo menos grave que la que vivimos en el 75, pero las actitudes de los líderes políticos son infames. Son infinitamente peores. Entonces, con una situación mucho más difícil, hubo generosidad y altura de miras. Ahora, con todo a favor, nos quieren llevar al despeñadero.

P. Describe con detalle el “búnker” que rodeaba al dictador. Si miramos a la Moncloa, ¿seguimos teniendo “cortesanos” que aíslan al líder de la realidad?

R. Totalmente. Viven en una burbuja. Y hay un problema añadido: la selección a la inversa. A la política se dedica el que no vale para otra cosa. Antes, la gente llegaba a la política después de tener una profesión; ahora entran en las juventudes de los partidos y hacen carrera ahí, en un vivero ajeno a la realidad, sin haber trabajado nunca fuera. Pierden la memoria de que son personas normales y terminan creyendo que el coche oficial es suyo.

Contenido patrocinado

stats