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Cuando llegó a París en otoño de 1969 llevaba consigo tres canciones de otros tantos poemas de Rosalía. Como chove miudiño, Un repoludo gaiteiro y Pra Habana. Las dos primeras, las incluyó en su primer disco, grabado en París, “Vida e Morte”. La tercera sería una de las doce canciones de “Rosalía de Castro”, el segundo disco de Amancio Prada (Dehesas, León, 1949), que dio origen a esta gira de su quincuagésimo aniversario por toda España, iniciada en Burela y que le traerá a Vigo este sábado.
Pregunta. Con “Pra Habana” ganó usted su primer premio, creo recordar.
Respuesta. Sí, un premio precioso que siempre estuvo en casa de mi madre, pero cuando ella se fue al cielo me traje a mi purgatorio. Y diez mil pesetas. Yo no sabía que venía acompañado con esa cantidad que era justo lo que costaba una guitarra que había visto el día anterior y me había enamorado en Valladolid y que como con tantos amores, yo ya daba por perdido. Por eso que mi primera guitarra se la debo a Rosalía.
P. Después de Vida e Morte, grabado en París, llegó el disco de Rosalía, en 1975. ¿Era difícil grabar un disco hace cincuenta años?
R. Era complicado sí. Y si no hubiera grabado el primero en Francia, si no hubiera tenido la atención que tuve por parte de los medios de comunicación franceses, las actuaciones en centros de emigrantes, en “Casas de jóvenes de la cultura”, como le llamaban a aquella red de centros culturales, yo creo que habría sido en vano mi intento, o si no me hubieran prestado atención en programas de radio y de televisión, o el hecho de tener una compañía de discos que me propuso hacer tres discos en tres años y asegurarme y asegurarme un pase de tres semanas cada año con un grande de la canción francesa. El primer año fue con Georges Brassens.
P. Fue un disco que se vendió mucho, ¿Lo notaba?
R. Quien sí lo notaba era, porque me lo contó en más de una ocasión, el distribuidor de Hispavox, que era la compañía que comercializaba en España “Vida e Morte” cuando llegaba a las tiendas de discos a él le pedían diez ejemplares de “Vida e Morte” y en cambio veía como al de Movieplay, cuando coincidía con él, le pedían 50 del disco de Rosalía. Le daba mucha rabia y llegó a llamar a los directivos de la discográfica para reñirles. Porque lo cierto es que cuando le propuse a Hispavox el disco de Rosalía habían dicho que no porque ya les parecía raro el anterior, con una cara en gallego y otra en castellano, como para editar uno totalmente en gallego, que no lo veían. Y me fichó Movieplay para el de Rosalía de Castro y el siguiente, Caravel de Caraveles. Y cuando les propuse grabar el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz se echaron las manos a la cabeza y me dijeron que no. Y los de Hispavox, en cambio, se lanzaron a editarlo. Y creo que nunca se arrepintieron.
P. A esos dos primeros discos le han seguido, si no me equivoco otros treinta y cinco. Y Rosalía volvió a estar presente en varios de ellos.
R. Entre otras razones porque he ido componiendo canciones nuevas, unas recogidas en “Rosalía Sempre”, luego llegó “Rosas a Rosalía”, con la Real Filharmonía de Galicia y varias colaboraciones y el último fue “Resonancias de Rosalía”, donde incluí la última canción que hice, “Nasín cando as prantas nasen”, en un homenaje a la que fue compañera de afectos y estudios del profesor Alonso Montero, Victoria Álvarez Ruiz de Ojeda, que tuvo lugar en la capilla del Hostal de los Reyes Católicos, como un homenaje a Alonso Montero, a quien tanto quería.
P. ¿Por qué Rosalía tiene tanta trascendencia en su carrera? ¿Cómo fue ese enamoramiento?
Yo leía a Rosalía y era como si estuviese leyendo mi alma. Y casi sin querer entraba en cada poema, leyéndolo, aprendiéndolo, ahondando, cavando en él… y luego me lo decía a mí mismo, en voz baja, o recitándolo
R. Fue un enamoramiento casi a primera vista, a primera lectura. Estaba estudiando en Valladolid Ciencias Empresariales aplicadas a la Agricultura, porque mi vida iba hacia el mundo agrícola, de donde venían todos mis antepasados, cuando cayó en mis manos la Obra Poética de Rosalía de la colección Austral. Cuando leía “Campanas de Bastabales” no tenía ni idea de donde estaba Bastabales pero me acordaba de las campanas de mi pueblo. Yo leía a Rosalía y era como si estuviese leyendo mi alma. Y casi sin querer entraba en cada poema, leyéndolo, aprendiéndolo, ahondando, cavando en él… y luego me lo decía a mí mismo, en voz baja, o recitándolo. Y esa recitación iba cogiendo una entonación y, de pronto notaba que aquello era casi una canción. Y así salieron las primeras canciones. Yo no pensaba ni hacer canciones ni dedicarme a esto. Aunque, es verdad que luego en los años sucesivos, más de una y de dos y de tres y de cuatro personas, en distintas situaciones me decían “pero ¿por qué te dedicas a estudiar eso?, dedícate a cantar”.
P. Y al final se dedicó.
R. Pero fueron los cinco años que viví en París los que me empujaron y me decidieron a dedicarme a esto. Y una vez que hice el primer disco ya me pareció que había dado un paso muy importante, era ya como una confirmación. Pero claro, el arte es largo y además no se acaba nunca.
P. Volviendo al disco de Rosalía. Cuando salió en 1975 tuvo un gran impacto en quienes lo escuchamos y le escuchamos a usted en los recitales de aquella década. ¿Sigue generando la misma impresión en las generaciones de los jóvenes actuales?
R. Hace unos días estuve cantando en el Niemeyer en Avilés y me llamó la atención la cantidad de chavales, preadolescentes incluso, que venían con un asombro en la cara que para mí era como un regalo enorme. Yo creo que cualquiera que se acerque a Rosalía, ya no digo a mis canciones, cualquiera que lea a Rosalía, se enamora de ella, empatiza con ella. Porque además Rosalía escribió como si hablara. Es una poesía llana, sin afectación, pero dicha con las palabras más acertadas. Son palabras que las entiende cualquiera a la primera.
P. Al margen de esta gira, en la mayoría de sus conciertos siempre está presente Rosalía.
R. Va conmigo siempre. Le ponemos un énfasis mayor en esta gira con motivo de los cincuenta años, como el año que viene le pondré a San Juan de la Cruz porque se celebrarán los cincuenta años del disco del Cántico Espiritual. San Juan de la Cruz y Rosalía siempre van conmigo. Cuando son conciertos de temática variada ahí están los dos y aunque haga uno de carácter monográfico, dedicado a un autor, no puedo dejar de cantar “Adiós ríos, adiós fontes”. Hasta Joan Baez cantó “Adiós ríos…”. Pero ahora es un recital monográfico y tenía ganas de hacerlo porque el abanico de Rosalía es muy amplio. Es una poetisa con un cromatismo enorme. Siempre es ella desde los poemas más tempranos. Me sorprende esa empatía que tiene con el paisaje, ya no solo natural sino humano. Todo lo siente, todo lo interioriza.
P. ¿Algún proyecto en mente?
R. Algo hay, algo hay. Las canciones van creciendo a medida que uno descubre poemas y poetas. Son como afluentes que nos llevan a la mar que es el vivir.
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