BORRASCA LEONARDO
El Miño multiplica su caudal

Fernando Romay: El arte de reinventarse

ENTREVISTA

De niño no cabía en el pupitre. Con 14 años ya no había zapatos de su talla y la ropa tenían que hacérsela a medida. Supo convertir su singularidad en virtud y se convirtió en uno de los deportistas que cambió el rumbo del baloncesto español. Fernando Romay es admirado no solo por su pasado sino también por su presente, en el que defiende valores como la deportividad, la solidaridad, el talento senior o la cualidad de ser diferente

"Mi fichaje en el Real Madrid fue un auténtico acto de fe".
"Mi fichaje en el Real Madrid fue un auténtico acto de fe". | La Región

Fue uno de los grandes jugadores que contribuyó a elevar el baloncesto español en una época en la que todo era fútbol. Fernando Romay (A Coruña, 1959) jugó 17 temporadas en el Real Madrid, fue internacional en 174 partidos, logrando entre otros hitos la medalla de plata en el Eurobasket de 1983 y en los juegos olímpicos de Atlanta en 1984 aparte de 2 copas de Europa, 5 copas del Rey y 3 copas intercontinentales entre otros muchos triunfos que coronan su palmarés. A los 34 años se retiró del deporte y se reinventó, una tarea en la que sigue, impartiendo conferencias y desarrollando una intensa actividad en la que defiende valores como el talento senior, la cooperación y deportividad y el sentido de la diferencia.

Pregunta. ¿Cómo empezó su relación con el baloncesto?

Respuesta. Empezó en A Coruña, cuando era un niño. Un chaval vino a verme a la academia en la que estudiaba y me dijo, ¿por qué no te vienes a entrenar con nosotros? Y allí me fui a entrenar con el Bosco. Pero nunca llegué a jugar con ellos, a tener ficha, porque me vinieron a buscar del Real Madrid.

P. Se ve que ya apuntaba usted maneras para el baloncesto.

R. ¿Qué iba a apuntar? Era un chaval de catorce años con dos metros de altura y no había nadie más así en España. Pero habilidades, ninguna. Vieron mucho más las posibilidades que lo que tenía realmente. Yo creo que la palabra fe la inventaron cuando me vieron a mí, porque fue un fichaje de fe.

P. ¿Se fue a Madrid con catorce años?

R. Sí, me llevaron a vivir a una pensión que había en la ciudad universitaria, donde ya había más gente del baloncesto. Cuando llegué estaba allí un ourensano de pro, Arturo Seara y más jugadores del equipo junior, yo era el más joven. Al año siguiente se incorporaron jugadores de mi edad.

P. Fue usted muy precoz debutando en el equipo senior. ¿Cuándo ocurrió?

R. Llegué en 1974 y mi primer partido con el senior fue en 1976. El equipo podría tener dos jugadores junior y de mi hornada éramos Iturriaga y yo, que salíamos cuando algún senior se lesionaba. Luego ya se incorporarían Llorente, Indio Díaz…

P. La generación que lanzó el baloncesto español a la gloria.

R. Fue una generación del 58 al 62, que llega hasta Fernando Martín que llegamos a un baloncesto en el que había figuras importantes, como Corbalán, Brabender, Margall. El baloncesto va muy acorde a la sociedad. Y los cambios que se produjeron en la sociedad española en aquella época fueron parejos a los cambios en el baloncesto y el principio de la década de 1980 fue el momento de la ruptura y modernización del baloncesto y una figura clave fue Díaz Miguel, que trajo el concepto del baloncesto americano a nuestro país. Era un baloncesto lleno de romanticismo y sobre todo de ganas, con un alto sentido de la deportividad. Yo me había peleado con otro jugador que luego sería unos días después mi compañero de habitación en la concentración para los juegos olímpicos de Atlanta y no pasaba nada. Era un baloncesto en el que jugábamos más con el corazón que con la cabeza.

P. La carrera de un deportista no es muy larga, se retiran jóvenes. ¿Cómo se enfrenta uno a eso?

R. Sí. Y yo tuve la suerte de retirarme cuando quise, porque no fue por una lesión de esas que truncan tu carrera. Pero llega el momento, tienes treinta y tantos años y tienes que dejarlo. Es algo que ya sabes y que hay que estar preparado ya antes de que llegue el momento. Pero en esencia tienes que reinventarte para seguir tu vida laboral.

P. Y sigue, a pesar de que ya está en edad de jubilarse. He leído alguna entrevista en la que se quejaba, precisamente de los problemas de muchos deportistas con su pensión.

R. Es así. Nosotros teníamos todas las obligaciones tributarias como un trabajador profesional pero no podíamos ser profesionales, porque sino no podíamos ir a los juegos olímpicos y se inventaron el oxímoron de amateur compensado, con lo que no teníamos epígrafes en la Seguridad Social y cotizábamos a Hacienda como artistas y toreros. Y eso no solo ha supuesto que no se cotizaba por nosotros. Tampoco teníamos asistencia sanitaria de la Seguridad Social, que entonces no era universal y a mí se me puso enfermo mi niño, estuvo tres días hospitalizado en La Paz y luego me pasaron la factura. Pero lo peor llega ahora, cuando a muchos de nosotros les faltan años de cotización. Yo tendría que estar trabajando hasta los 71 para cobrar el cien por cien, pero hay compañeros que me cuentan que mientras sus amigos se jubilan y ayudan a sus hijos, en su caso son sus hijos los que les tienen que ayudar a ellos porque cobran seiscientos o setecientos euros de pensión.

P. Parece ilógico que el país al que representa en las competiciones internacionales no haya cotizado por usted.

R. Estuve diez años en la selección nacional y jugué más de 170 partidos. Por suerte eso cambió y ahora estamos intentando que nos reconozcan los años que hemos trabajado como falsos amateurs.

P. ¿Y cómo va la cosa?

R. De momento, nos han atendido y sé que están trabajando en ello. La cosa va lenta y sé que está haciendo la Seguridad Social una valoración.

P. Y ahora, ¿En qué actividades se mueve?

R. En todo. Ahí donde hay un charco que pisar, estoy yo. Como conferenciante, participando en programas de televisión, en eventos… Este año leí el pregón de la Feria del Vino de Quiroga, por ejemplo.

P. He visto que Una de sus acciones más destacadas es la defensa del talento senior.

R. Es que es una triste gracia que hoy te consideren senior a partir de los 45. Hace unos días, en una charla me comentaba una señora que decía “yo creí que la obsolescencia programada era solo en los electrodomésticos, pero resulta que a nosotros también y a partir de los cincuenta o sesenta eres prescindible”. A mí me parece que hay que defender el talento senior no solo porque considero que es un valor en sí mismo, sino que además estamos en una sociedad que tiene problemas para encontrar relevo en muchas profesiones. Es una cuestión de sentido común, que una sociedad aproveche a todo el mundo que quiere aportar, siendo algo voluntario, no digo que haya que retrasar la edad de jubilación ni que los mayores taponen la carrera de los jóvenes.

P. ¿Y el valor de la diferencia? Es otro de sus temas.

R. Pensamos muchas veces que lo que nos hace diferentes supone una desventaja. Pero si te empeñas y lo conviertes en tu fuerza ya tienes un valor diferencial. Desde mi punto de vista es mucho mejor concentrar tus energías en mejorar tus diferencias que en ser igual a los demás. Te conviertes en una persona mucho más valiosa porque la genialidad no viene de ser igual a los demás.

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