Galería | El rey Peliqueiro impone en Laza su ley
ENTROIDO DE LAZA
El tan esperado “Domingo de Estrea”, en que los peliqueiros volvieron a correr por Laza, no dejó a nadie indiferente. A Picota se volvió a convertir en el epicentro del Entroido ourensano en una mañana que fue un derroche de emoción… y de bica
Es uno de esos días que hay que experimentar, al menos una vez en la vida. Una sobredosis sensorial de color y éxtasis colectivo al ver correr a centenares de peliqueiros y oír el sonido de sus chocos vibrando al unísono, transmitiendo en cada gesto y detalle un orgullo de pertenencia inigualable.
El Peliqueiro, figura emblemática y máxima autoridad del Entroido de Laza, volvió a hacer acto de presencia en el Domingo de Estrea tras un año de espera. Lo hizo con la energía y la fuerza que emanan de representar a un pueblo entero, ni más ni menos.
La helada matinal dejó paso a un sol deslumbrante. Los astros parecían alinearse, pese a que el ambiente en la villa lazana no precisaba de más magia. Los hogares bullían desde primera hora con un trajín incesante, señal de que su dios entroideiro estaba a punto de volver a tomar con fuerza la Praza da Picota, su hábitat natural, allí donde corre, manda, ordena, sobresale y, cuando es menester, reparte con la zamarra. Con justicia y sin contemplaciones.
A las 11,00 horas ya resonaban los primeros chocos, señal inconfundible de los peliqueiros retomando la acción. Pequeños grupos fueron relevándose y entrando en calor a base de carreras. Impolutos, encaraban su gran día con el traje impecable y la careta inmaculada.
A la salida de misa, siguiendo la tradición, decenas de peliqueiros hicieron un pasillo a los feligreses, saludados por unos chocos amplificados por lo angosto de la calle que conecta el templo con la plaza. Tras este ritual, la atención se trasladó al fondo de la Cerdeiriña. Centenares de peliqueiros, hombres y mujeres, pequeños y mayores, recorrieron la distancia que los separaba de la Picota, en una coreografía de identidad propia.
Muchos vecinos se emocionaron viéndolos correr en dos filas, rememorando viejos tiempos. Por el centro avanzaban con empeño los más jóvenes, algunos de los cuales vestían el traje por vez primera. No será la última, ya que su recorrido vital como peliqueiros no ha hecho más que empezar, y en algún momento serán ellos los que den la alternativa a otros lazanos.
Abriéndose paso entre la multitud discurría asimismo el carro, que transportaba tanto la rica Bica del Peliqueiro como a las galegas. Estas últimas, jóvenes vecinas voluntarias vestidas con ropa tradicional, repartieron entre los allí presentes el sabroso dulce local, que se agotó en un visto y no visto. El domingo continuó con el desfile de las carrozas típicas, al ritmo de las charangas, y concluyó con más troula y verbena.
Sin apenas descanso, Laza vivirá hoy su Luns Borralleiro, con farrapada y xitanada de burros, pero también con la bajada de la Morena y la gran batalla de las hormigas. Pase lo que pase, el Peliqueiro ya está aquí para regir su Entroido.
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