Barreiros, una marca gallega

BIOGRAFÍA

Eduardo Barreiros Rodríguez fue un destacado empresario industrial gallego, nacido el 24 de octubre de 1919 en Gundiás, provincia de Ourense

El empresario gallego, Eduardo Barreiros
El empresario gallego, Eduardo Barreiros | Fundación Eduardo Barreiros

Eduardo Barreiros Rodríguez fue un destacado empresario industrial gallego, nacido el 24 de octubre de 1919 en Gundiás, provincia de Ourense. Proveniente de una familia humilde, su padre era conductor de autobuses y su madre se dedicaba a las labores del hogar. Desde joven, Eduardo mostró gran interés por la mecánica y comenzó su carrera profesional como mecánico tras finalizar la Guerra Española, en la que participó como requeté, colaborando en el transporte de artillería.

El 10 de agosto de 1946 Dorinda Ramos y Eduardo Barreiros contrajeron matrimonio
El 10 de agosto de 1946 Dorinda Ramos y Eduardo Barreiros contrajeron matrimonio | Fundación Eduardo Barreiros

A mediados de los años cuarenta, Barreiros se dedicó a la reconstrucción de vehículos y, poco después, comenzó a transformar motores de gasolina en diésel, aprovechando su ingenio técnico y la abundancia de vehículos militares excedentes de guerra. Su talento para la innovación le permitió patentar un sistema de conversión que se convirtió en un éxito comercial. Gracias a estos logros, en 1949 fundó BECOSA (Barreiros Compañía Anónima), una empresa dedicada a la construcción de obras públicas.

En 1954 dio un paso decisivo y fundó Barreiros Diésel S.A., que inicialmente fabricaba motores diésel diseñados por él mismo. Posteriormente, la empresa se expandió rápidamente a la producción de vehículos industriales, tractores y camiones. Su fábrica en Villaverde (Madrid) se convirtió en una de las más modernas de Europa. Barreiros fue clave en la motorización de la España de posguerra y en la introducción del motor diésel en el transporte nacional, tanto en camiones como en vehículos agrícolas.

Tractores listos para entregar en la fábrica de Barreiros en 1964
Tractores listos para entregar en la fábrica de Barreiros en 1964 | Fundación Eduardo Barreiros

La proyección internacional de su empresa se consolidó en 1963, cuando la multinacional estadounidense Chrysler adquirió una participación en Barreiros Diésel. Esta alianza permitió el lanzamiento en España de automóviles como el Dodge Dart y los Simca 1000 y 1200. Sin embargo, en 1969, Chrysler asumió el control total de la empresa y Eduardo Barreiros abandonó la dirección tras discrepancias sobre el rumbo de la compañía.

Lejos de retirarse, Barreiros continuó emprendiendo. En los años ochenta, tras distanciarse del panorama empresarial español, centró su atención en Cuba, donde fue invitado por el propio Fidel Castro para colaborar en el desarrollo industrial del país. Cuba, en pleno período de bloqueo económico y con necesidad urgente de autosuficiencia tecnológica, encontró en Barreiros un aliado estratégico.

En la isla, Eduardo Barreiros se implicó en varios proyectos de modernización de motores y vehículos, compartiendo su experiencia acumulada en la transformación de motores diésel. Participó activamente en iniciativas orientadas a fabricar componentes de vehículos localmente, así como en la optimización del parque automotor cubano. Su contribución no solo fue técnica, sino también humana, formando a ingenieros y técnicos locales, muchos de los cuales reconocieron su generosidad y rigor profesional.

Tres autobuses Barreiros recién entregados a Egipto en 1966
Tres autobuses Barreiros recién entregados a Egipto en 1966 | Fundación Eduardo Barreiros

Durante su estancia en Cuba, Barreiros ganó el respeto del gobierno cubano y de la comunidad técnica del país. Fidel Castro llegó a considerarlo un símbolo de cooperación internacional desinteresada, en tiempos en los que pocos empresarios occidentales apostaban por colaborar con la isla.

Eduardo Barreiros falleció en La Habana el 19 de febrero de 1992, a los 72 años de edad. Fue condecorado en vida con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil en 1961, y su legado perdura tanto en Galicia como en Cuba. Su paso por la isla dejó una huella profunda como empresario solidario, comprometido con el progreso y con una visión del desarrollo basada en la transferencia de conocimiento.

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