Buenos Aires pone fin al V Congreso Mundial de Asturianía con la vista puesta en el encuentro de jóvenes de Montevideo

V CONGRESO MUNDIAL DE ASTURIANÍA

La sala Alejandro Casona del Centro Asturiano acogió la gala de clausura de una edición histórica, la primera celebrada fuera de España, que reunió a cerca de un centenar de congresistas de 35 centros

Foto de Familia del V Congreso Mundial de Asturianía
Foto de Familia del V Congreso Mundial de Asturianía | La Región Internacional

El tango puso la primera nota a la despedida. En la sala Alejandro Casona del Centro Asturiano de Buenos Aires, la Orquesta del Plata y los campeones de tango escenario de 2024, Sebastián Martínez y Ayelén Morando, abrieron la gala de clausura del V Congreso Mundial de Asturianía.

No podía haber un comienzo más apropiado para una edición que ha hecho historia. Por primera vez en sus cinco convocatorias, el Congreso Mundial de Asturianía se celebró fuera de España, a más de 10.000 kilómetros del Principado, en Buenos Aires, una ciudad que custodia una parte esencial de la historia de la emigración asturiana. Durante dos jornadas, cerca de un centenar de representantes de 35 centros debatieron sobre el presente y el futuro de una comunidad que vive repartida por el mundo, pero que sigue encontrando en Asturias un lugar común.

La gala no fue únicamente el punto final de un programa de trabajo. Fue también una celebración de los lazos que sobreviven a la distancia y de la tarea, muchas veces silenciosa, de quienes mantienen abiertas las puertas de los centros asturianos generación tras generación.

Tras la actuación inicial intervinieron el presidente de la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA), Manuel Barros; la presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas, María Antonia Fernández Felgueroso, y la vicepresidenta del Principado, Gimena Llamedo.

Manuel Barros: «Nuestro corazón late por la tierra»

El presidente de la FICA fue el primero en poner en palabras la dimensión histórica del encuentro. Barros expresó su orgullo por haber celebrado el Congreso en Argentina y recordó que los participantes habían trabajado, debatido y formulado propuestas desde una distancia geográfica que no ha debilitado su compromiso con Asturias.

"Somos esas Asturias que no estamos dentro del mapa geográfico de nuestra tierra»" afirmó. Una definición que resumía el sentido de estas jornadas: representar a una comunidad que vive fuera del territorio del Principado, habla con acentos diferentes y ha construido sus propias trayectorias en otros países, pero conserva un vínculo compartido. «Nuestro corazón late por la tierra", añadió.

Barros reivindicó la labor de los centros asturianos como embajadores de la cultura, la gastronomía, las tradiciones y la forma de ser de Asturias. Son, recordó, lugares en los que la identidad no se limita a conservar recuerdos, sino que se expresa en actividades, encuentros y proyectos que hacen visible al Principado en los países de acogida.

Su intervención tuvo también una vertiente reivindicativa. El presidente de la FICA defendió que las propuestas surgidas del Congreso necesitan recursos y continuidad para convertirse en actuaciones concretas. El trabajo de los representantes, vino a señalar, no puede agotarse en las sesiones ni en la emoción de reencontrarse: debe traducirse en iniciativas capaces de sostener la actividad de las entidades y de reforzar su relación con Asturias. Y rechazó tajatemente a quienes consideran a los Centros Asturianos (en alusión directa a VOX) como chiringuitos.

Barros habló desde el orgullo de pertenencia, pero también desde la conciencia de que la emigración ha construido una parte inseparable de la historia asturiana.

Fernández Felgueroso: centros que miran al futuro

María Antonia Fernández Felgueroso recogió ese hilo y lo llevó al terreno de la participación. La presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas felicitó a los congresistas por el trabajo desarrollado y por demostrar que la asturianía exterior es "una realidad viva, comprometida y con mucho futuro".

Los centros, subrayó, son mucho más que espacios para conservar las tradiciones o recordar los orígenes familiares. Son lugares desde los que se construye comunidad, se plantean iniciativas y se fortalecen los vínculos con Asturias. De ahí su llamamiento a mantener la ilusión, la capacidad de propuesta y el compromiso que han permitido que estas entidades sigan siendo relevantes para distintas generaciones.

Fernández Felgueroso destacó además el cumplimiento del compromiso de celebrar un nuevo Congreso durante este año, después de la edición anterior en Villaviciosa. La reunión de Buenos Aires permitió dar continuidad a las conversaciones iniciadas allí y ampliar la participación de los centros, con tres representantes por delegación y una mayor presencia de distintas generaciones y sensibilidades.

El hecho de trasladar el encuentro al exterior tuvo, en ese sentido, un valor que iba más allá de la geografía: permitió escuchar de primera mano a quienes viven la asturianía lejos del Principado y conocen las dificultades, las oportunidades y las transformaciones de sus comunidades.

La presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas agradeció también el trabajo de las personas y los equipos que hicieron posible la organización, con una mención especial a quienes dedicaron meses a preparar el encuentro. Detrás de cada sesión y cada actividad, recordó, hay una labor que no siempre se ve, pero sin la cual sería imposible mantener esta red de vínculos.

Gimena Llamedo: escuchar para cumplir

La vicepresidenta del Principado, Gimena Llamedo, cerró el turno de intervenciones institucionales con un agradecimiento a los participantes por las dos jornadas de trabajo y con el compromiso de que sus propuestas tengan recorrido. No se trataba, insistió, de acudir a Buenos Aires únicamente para tomar nota, sino de escuchar, trabajar con los centros y convertir los compromisos en realidades.

Llamedo recordó que el presupuesto destinado a las políticas de emigración y retorno se ha duplicado durante la legislatura y citó distintas iniciativas dirigidas a reforzar la relación con las comunidades asturianas, desde los cursos de extensión universitaria hasta el desarrollo de herramientas educativas en línea. También defendió la continuidad de las políticas destinadas a facilitar el retorno y a ofrecer oportunidades a los hijos y nietos de quienes emigraron.

La vicepresidenta tuvo palabras de reconocimiento para el trabajo de los centros, pero su intervención encontró uno de sus momentos más personales al evocar la visita al Museo de la Inmigración de Buenos Aires. Allí pudo localizar referencias a la llegada de su propia familia a Argentina en 1949, una experiencia que le permitió mirar de otra manera las historias que había escuchado durante el Congreso.

El recuerdo familiar hizo que la emigración dejara de ser una cuestión de cifras, programas o políticas públicas para convertirse en una historia concreta: la de quienes dejaron su pueblo, se embarcaron rumbo a América y comenzaron una nueva vida al otro lado del océano. Una historia que, como tantas otras compartidas en estos días, sigue formando parte de las familias asturianas.

Llamedo explicó que aquella visita le había emocionado y que le había permitido comprender con mayor intensidad los relatos de quienes reconocen en la experiencia migratoria la historia de sus padres, sus abuelos o la suya propia. En esa memoria común encontró una razón más para seguir trabajando junto a las comunidades del exterior.

El mensaje final fue también una invitación a mirar hacia delante. "El Gobierno asturiano, aseguró, quiere mantener abierta la interlocución con los centros y trabajar con ellos para que las propuestas del Congreso se incorporen a las políticas públicas. La despedida no debía significar el final de la conversación, sino el comienzo de una nueva etapa de trabajo compartido"

Anabel Santiago devuelve la voz a Asturias

El cierre musical lo puso Anabel Santiago, muy emocionada por actuar en el país en el que nació y reencontrarse con los recuerdos que forman parte de su historia familiar. Estuvo acompañada al piano por el músico Jesús Arévalo y a la gaita por José Manuel Fernández Guti. Su voz recorrió algunas de las canciones más reconocibles del repertorio popular asturiano y convirtió la despedida en uno de esos momentos en los que la música consigue decir lo que las palabras apenas alcanzan a explicar.

Sonaron Chalaneru y Santa Bárbara Bendita, piezas profundamente arraigadas en la memoria musical de Asturias, junto al Asturias de Víctor Manuel. El repertorio incluyó también el himno asturiano.

La noche continuó en las instalaciones sociales y deportivas del Centro Asturiano, en Vicente López, con un asado al que acompañó la música popular argentina y la gaita, del Grupo Pelayo de la propia entidad y los bailes de los alumnos de la Escuela de Asturianía.

.Buenos Aires se despide así de una edición que ha situado en el centro de la conversación a quienes mantienen viva Asturias desde la distancia, ha dado voz a sus propuestas y ha recordado que la emigración no es un capítulo cerrado de la historia del Principado, sino una parte de su presente.

De las nuevas ciudadanías a la música y la gastronomía

La sesiones de la mañana se habían dedicado a examinar la asturianía desde distintos ángulos. La jornada final abordó las nuevas formas de participación y representación de los españoles residentes en el exterior, el papel del periodismo en el fortalecimiento de los vínculos con Asturias, las posibilidades de conexión empresarial de los centros y el lugar de la música y la gastronomía en la conservación de la identidad.

Las mesas redondas reunieron a representantes de la emigración, periodistas, empresarios y profesionales de la cultura. El propósito era ampliar la mirada sobre unas entidades que, además de mantener tradiciones, pueden actuar como espacios de relación económica, impulso de iniciativas y conexión entre Asturias y los países donde existe una comunidad asturiana.

La música ocupó un lugar propio en ese recorrido. La conversación sobre memoria e identidad permitió recordar que las canciones, los instrumentos y los repertorios tradicionales han acompañado a la emigración y han ayudado a mantener una relación emocional con la tierra de origen. Algo semejante sucede con la gastronomía, que conserva sabores y costumbres, pero también los adapta a los lugares en los que se asientan las nuevas generaciones.

En el fondo, los debates giraron en torno a una pregunta compartida: cómo conseguir que la asturianía siga siendo una experiencia viva para quienes nacieron lejos de Asturias, sin perder la conexión con quienes mantienen su vida en el Principado. La respuesta, aún abierta, pasa por la participación, el relevo generacional y la capacidad de los centros para seguir ofreciendo proyectos que interesen también a los más jóvenes.

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