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DENUNCIA PÚBLICA
La historia de amor de José Antonio Regueiro y Yaniris Peña, una pareja formada por un gallego y una dominicana, se ha convertido en una denuncia pública contra lo que consideran un grave error administrativo y una actuación injusta del Consulado de España en Santo Domingo, que, según sostienen, retrasó durante cinco años el reconocimiento oficial de su matrimonio.
Según el testimonio del propio Regueiro, la relación de la pareja se desarrolló con normalidad desde que se conocieron y comenzaron a construir su vida juntos en la ciudad de Vigo. “Nuestra vida era real y visible para cualquiera. Teníamos un hogar, vecinos y una rutina diaria compartida, pero la administración se negó a verlo durante un lustro, cegada por formularios y sospechas infundadas”, afirma.
La pareja asegura que se conoció en el barrio de El Calvario y que posteriormente estableció su residencia en pleno casco urbano de Vigo, donde comenzaron a construir un proyecto de vida común. Sin embargo, cuando iniciaron los trámites administrativos relacionados con su matrimonio, el Consulado de España en Santo Domingo cuestionó la autenticidad de la relación al considerar que podía tratarse de un posible fraude.
Regueiro rechaza esa acusación y sostiene que la documentación presentada demostraba la convivencia y la relación estable de la pareja. “No era solo un trámite administrativo; era nuestra vida la que estaba en juego. Durante cinco años tuvimos que defender algo tan básico como nuestro derecho a vivir juntos”, explica.
Por su parte, Yaniris Peña, natural de Villa Los Almácigos, en la República Dominicana, cuenta con una trayectoria destacada en el ámbito deportivo y cultural de su país. Según relata su esposo, desde joven participó activamente en competiciones deportivas celebradas en el Centro Olímpico Félix Sánchez (otrora Jaime Capellón Díaz) de Santo Domingo y en los Juegos Nacionales de Mao 97. Además, formó parte de actividades culturales y artísticas en su localidad, participando en grupos de danza, coros y en el tradicional batun ballet como mayorette.
La pareja considera especialmente injusto que se pusiera en duda la honestidad de Peña durante el proceso administrativo. “Se trató como sospechosa a una persona que ha demostrado disciplina, esfuerzo y honor durante toda su vida”, sostiene Regueiro.
Según su relato, la decisión consular inicial se basó en una supuesta incoherencia detectada en un cuestionario de verificación. “La entonces vicecónsul adjunta sentenció el matrimonio basándose en una mínima confusión de fechas en un cuestionario de 25 preguntas, ignorando años de convivencia documentada”, explica.
Además, denuncia que durante el proceso se produjeron errores administrativos en la propia documentación oficial. “Llamaron a José Antonio 'Ibáñez' en lugar de Regueiro e inventaron una geografía inexistente al escribir 'Santiago Ramírez' para referirse a la provincia de Santiago Rodríguez”, señala.
La situación se prolongó durante cinco años, un periodo que, según la pareja, estuvo marcado por la incertidumbre, los costes económicos derivados de los trámites y un fuerte desgaste personal. “Nos dejaron en la absoluta indefensión durante cinco años, provocando un grave deterioro en la salud de Yaniris. Fue un proceso muy duro, tanto emocional como económicamente”, afirma Regueiro.
El caso terminó resolviéndose cuando un nuevo responsable consular, Ángel Alvar Merino, revisó el expediente y autorizó finalmente el reencuentro de la pareja. “Se revisó la documentación, se reconoció el desastre y se nos trasladaron disculpas en nombre del Estado”, asegura.
Tras superar el proceso, la pareja ha retomado su vida con normalidad y actualmente reside entre Vigo y el municipio ourensano de Nogueira de Ramuín. Allí, explican, han recuperado la tranquilidad después de años de incertidumbre.
Para Regueiro, la experiencia deja una reflexión clara sobre el funcionamiento de los procedimientos administrativos. “Este relato queda como testimonio para que el mundo sepa que el valor de una persona no se mide en un formulario consular. Que nunca más la soberbia de un funcionario vuelva a separar lo que el amor, el deporte y la dignidad han unido con tanta fuerza”, concluye.
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