La sobrina de Emeterio Celorio revive la historia que inspiró "El metal y la escoria" del Premio Cervantes

ENTREVISTA

A sus 102 años, Rosa María Ojeda, conecta la memoria real y la ficción literaria de la novela de Gonzalo Celorio en la que narra la emigración de su abuelo a México

Rosa el día que cumplió 100 años
Rosa el día que cumplió 100 años | La Región Internacional

La concesión del Premio Cervantes al escritor Gonzalo Celorio ha devuelto a la actualidad literaria una historia que hunde sus raíces en una pequeña aldea asturiana. En Vibaño, permanece viva la memoria de Emeterio, emigrante asturiano y protagonista de "El metal y la escoria", una de las obras más conocidas del autor mexicano. Esa memoria tiene hoy una voz excepcional: la de Rosa María Ojeda Santoveña, sobrina carnal y ahijada de Emeterio.

Rosa María nació en La Teixa, la casa familiar donde también vino al mundo Emeterio. Desde allí repasa una historia marcada por la emigración, el trabajo y la distancia entre generaciones. La vivienda continúa siendo el eje de la memoria familiar. "Sí, es la casa familiar. Allí nací yo y allí nació Emeterio Celorio también", explica.

Emeterio, según narra Gonzalo Celorio en su novela, decidió emigrar a México en 1874, despidiéndose de sus padres en una aldea perdida de Asturias. La novela describe con crudeza ese momento fundacional del éxodo: una despedida seca, sin palabras, marcada por la pobreza y la necesidad.

Portada del libro "El Metal y la escoria"
Portada del libro "El Metal y la escoria" | TusQuets

En México, la ficción literaria sigue la trayectoria ascendente del emigrante: de mozo de tienda que duerme bajo el mostrador a propietario de un emporio de establecimientos de bebidas alcohólicas, una historia de éxito forjada a base de trabajo y sacrificio. Sin embargo, el triunfo económico no trae consigo la continuidad familiar esperada. Sus hijos dilapidan la fortuna en una vida disipada, mientras que sus hijas quedan relegadas a un papel secundario en una sociedad profundamente machista. Ya en la tercera generación, uno de los nietos intenta retomar la iniciativa económica, pero se enfrenta a una amenaza devastadora: la pérdida de la memoria, que pone en jaque no solo el negocio, sino la propia identidad familiar.

Desde Vibaño, Rosa María observa esa reconstrucción literaria con distancia y honestidad. Sobre tio y padrino, reconoce: "De Emeterio yo no recuerdo nada.Se fue de adolescente".

Emeterio regresó una única vez al pueblo. "Él fue padrino mío cuando vino a casarse por tercera vez, que ya era viudo dos veces. Vino a casarse". Después, no hubo más encuentros. «No», responde cuando se le pregunta si volvieron a verse. "Yo fui a México y él ya no estaba".

La vida de Rosa María también estuvo atravesada por la emigración. "Sí, pero emigré a Venezuela", explica. Partió siendo joven y permaneció allí durante décadas. De la trayectoria de Emeterio en México, el recuerdo familiar coincide en lo esencial con la novela. "Cuando llegó, se dedicó a ayudar en una destilería de vinos o de bebidas", relata. "Dormía allí en un rincón y después fue creciendo". Con el tiempo, "después él fue dueño del Gallo de Oro", un establecimiento que alcanzó notoriedad.

Rosa con su sobrina Azucena
Rosa con su sobrina Azucena | La Región Internacional

Pese a ese pasado compartido, los lazos familiares con México se diluyeron. "No, no, qué va", responde cuando se le pregunta si se mantuvo el contacto. De Gonzalo Celorio sabe que estuvo en el pueblo hace años. "Yo sé que Gonzalo estuvo aquí porque quería conocer la casa familiar, pero yo no lo vi".

La Teixa sigue en pie, aunque cerrada. "Es una casa muy vieja y no vive nadie allí, pero ahí está". Rosa María ya no reside en ella, aunque permanece en Vibaño.

Reconoce que ha leido "El metal y la escoria". "Sí, esa precisamente la leí yo. La tenemos aquí en la casa.Es una historia de recuerdo", aunque matiza que "no es muy realista" porque, a su juicio, Gonzalo Celorio "no tenía suficientes datos". Aun así, reconoce: "De todas maneras, está muy bien".

La noticia del Premio Cervantes hace ya algunos mese fue recibida con satisfacción en la aldea. "Yo me alegro mucho porque parece que lo merecía", afirma. Desde Vibaño, la invitación al regreso queda abierta. Y concluye con una frase que resume emigración, memoria y linaje: "Él seguramente llegará a los 100 años como yo, porque él también es Celorio" y "los Celorio de esa casa no se mueren nunca".

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