China, las dos caras de una potencia exportadora lastrada por su debilidad interna

Análisis

Pekín inyecta dinero en la banca mientras trata de sostener la bolsa, pero los analistas descartan una recuperación sólida mientras persista la debilidad del consumo y la crisis inmobiliaria

Skyline de Shanghái
Skyline de Shanghái

China vende al exterior con una fortaleza que contrasta con la cautela de sus hogares y empresas. Las exportaciones de productos tecnológicos y vehículos eléctricos sostienen la actividad, pero el consumo apenas avanza, la inversión retrocede y el mercado inmobiliario sigue sin recuperarse.

Para tratar de corregir ese desequilibrio, Pekín está recurriendo al dinero público. Tras movilizar unos 7.200 millones de euros para contener las caídas del mercado bursátil, este mismo mes anunció una nueva operación de unos 46.000 millones de euros para recapitalizar tres bancos y cinco aseguradoras estatales, con el objetivo de fortalecer sus balances y, con ello, su capacidad de financiar la economía.

Pero ese respaldo encuentra un obstáculo: las familias y las empresas siguen mostrando poco interés por endeudarse, y los últimos datos oficiales continúan reflejando la debilidad del mercado interno.

La inversión inmobiliaria retrocedió más de un 25% interanual en agosto, mientras las ventas y el inicio de nuevas construcciones se mantienen en fuerte contracción. La producción industrial aumentó en agosto un 5,2% interanual, impulsada por las manufacturas de alta tecnología, pero la inversión en activos fijos —como instalaciones, maquinaria e infraestructuras— cayó un 10,6% respecto al mismo mes de 2025.

Visión de los analistas

En este contexto, los analistas coinciden en que la crisis inmobiliaria china, la debilidad de su consumo y la escasa disposición de hogares y empresas a endeudarse limitan el efecto de las ayudas. Tanto ING como Julius Baer aguardan que las fuertes inyecciones de dinero público estabilicen el crecimiento de cara a finales de año, aunque no una recuperación generalizada, y apuntan que los problemas persistirán de cara a 2027.

En concreto, para este año, la entidad suiza mantiene su previsión de crecimiento en el 4,5%, el extremo inferior del objetivo oficial, mientras el banco neerlandés la eleva una décima.

Pero de cara a 2027, Sophie Altermatt, economista del banco helvético, apunta a que la falta de confianza que se evidencia en la poca disposición a endeudarse e invertir seguirá limitando la expansión de la economía. "Y la divergencia sigue ampliándose", coincide Lynn Song, analista de ING, en alusión a esas dos velocidades.

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